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La Lobotomía: La técnica del picahielo

Lobotomia3La historia de la medicina se compone de muchos sucesos oscuros y vergonzosos que jamás deberían haber ocurrido. Aunque ya no podemos hacer nada al respecto, sí se puede aprender de estos sucesos para intentar que no vuelvan a ocurrir, como la siguiente historia, la llamada técnica del picahielo, lobotomía del picahielo o lobotomía prefrontal.

El doctor Walter Freeman fue quién desarrolló esta técnica en 1945. Era una alternativa barata y rápida a otras formas de lobotomía que se habían realizado anteriormente. De hecho, ni siquiera se necesitaba ser cirujano (y él no lo era). Una lobotomía consiste, básicamente, en destruir la corteza prefrontal (imagen de más abajo) o las conexiones que esta región tiene con el resto de regiones cerebrales. La corteza prefrontal es una de las zonas del cerebro más evolucionadas en el ser humano y juega un papel fundamental en el pensamiento.

Según Freeman, esta técnica servía para tratar la depresión, la esquizofrenia, la neurosis, la homosexualidad (recordemos que por aquel entonces lo consideraban una enfermedad) la ansiedad, el comunismo (sí, han leído bien), el suicidio y todo síntoma mental o forma de pensar que no siguiera los estándares de la época. Decir que lo anunciaba como la panacea a los trastornos mentales no es en absoluto una exageración. ¿Cuales eran los verdaderos resultados? Las personas adquirían un comportamiento similar a la que vemos en los zombis de las películas. Parcial o totalmente indiferentes al mundo que les rodeaba, con una pasividad extrema. Pero eso para Freeman era lo de menos, ya no había neurosis, ni ansiedad ni estados de agitación. ¿Cómo iba a haberla si había convertido a muchos de sus pacientes en unos “vegetales” mentales?

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El Dr. Freeman

El júbilo del doctor y la publicidad de esta técnica hicieron que se realizara a miles de personas por todo Estados Unidos. Incluso llegó a viajar por el país en un vehículo al que llamó cariñosamente “Lobotomóvil”. Freeman, tenía carisma y lo sabía, su método fue anunciado a través de la televisión, por el boca a boca, en periódicos… Se llegaron a realizar más de 5.000 lobotomías sólo en EE.UU. La gente acudía haciendo cola para que se la realizasen. Imagínense la escena de un doctor clavando picahielo en serie, una persona tras otra. Sólo se me ocurre una palabra para ello: Dantesco.

Gracias al desarrollo de la Clorpromazina, que permitió tratar con fármacos a esquizofrénicos y otros trastornos psiquiátricos, esta locura terminó.

Los efectos de los fármacos eran efectivos en estudios serios, no así los resultados de la lobotomía de Freeman. Pronto, se dejó de utilizar y Freeman buscó desesperadamente una forma de demostrar que su técnica tenía resultados excelentes. Fue inútil, afortunadamente, ya no se volvió a pensar en volver a retomar esa técnica. Los psicocirujanos estaban acabados.

Su última lobotomía la realizó en una mujer que también fue una de sus primeras pacientes, era la tercera vez que le realizaba la lobotomía del picahielo. Picahielo en una mano, mazo en otra, se dispuso a realizar aquella técnica que tantas veces había hecho. Lesionó un vaso sanguíneo y la paciente murió a las pocas horas. No volvió a realizar ninguna más.

Lobotomia 2Lo crean o no, el pionero de la lobotomía prefrontal, Egas Moniz, ganó el premio Nobel por esta técnica. Que más tarde demostró que sólo tuvo una efectividad del 10% y unas secuelas irreversibles en la mayoría de personas. Los familiares de los afectados se quejaron y solicitaron que el premio fuera anulado:

“¿Cómo puede alguien confiar en el Comité de los Nobel cuando no admiten semejante error?”

Aquí un video con parte de la historia de la Lobotomía:


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Foucault: La Sociedad Disciplinaria / El Panóptico

Michel Foucault

Michel Foucault

Es la historia de las ciencias sociales una de las principales preocupaciones de su obra que podría ser incluída dentro del estructuralismo francés. Sostiene que la historia no debe interpretarse de modo superficial, sino que es preciso realizar un análisis más profundo. Su pensamiento tradicionalmente se ha dividido en tres fases: la etapa arqueológica (entre 1961 y 1969), la etapa genealógica y la última fase marcada por las tecnologías del yo. En cada una de ellas varía el método de análisis utilizado.

La sociedad disciplinaria

Foucault sitúa a la Europa de finales del siglo XVIII y principios del XIX como el momento fundacional de una nueva sociedad, la disciplinaria. Si bien, la disciplina se convierte en la forma más difundida de dominación, con anterioridad, existían otras formas de ejercicio de la misma:

La esclavitud: instalada en sobre una relación de apropiación de los cuerpos.

La domesticidad: fundada a partir de una relación de dominación “constante, global, masiva, no analítica, ilimitada y establecida bajo la forma de la voluntad singular del amo, de su capricho”.

– La del Vasallaje: a través de una relación de sumisión en extremo codificada “que atañe menos a las operaciones del cuerpo que a los productos del trabajo y a las marcas rituales del vasallaje”.

– La del ascetismo o las de tipo monástico: que se conforman para garantizar privaciones y aunque implica la obediencia a otros su objetivo es el de aumentar el dominio de cada cual sobre su propio cuerpo.

El nacimiento de la disciplina, del arte del cuerpo, forma un vínculo que en el mismo mecanismo, lo hace tanto más obediente cuanto más útil, y al revés. La disciplina fabrica así cuerpos sometidos y ejercitados, cuerpos “dóciles”. La disciplina aumenta las fuerzas del cuerpo (en términos de utilidad) y disminuye esas fuerzas (en términos políticos de obediencia). En una palabra: disocia el poder del cuerpo; de una parte, hace de este poder una “aptitud”, una “capacidad” que trata de aumentar, y cambia por otra parte la energía, la potencia que de ello podría resultar, y la convierte en una relación de sujeción estricta. Si la explotación económica separa la fuerza y el producto del trabajo, digamos que la coerción disciplinaria establece en el cuerpo el vínculo de coacción entre una actitud aumentada, una dominación acrecentada.

El poder disciplinario de los tiempos modernos inaugura un castigo silencioso que opera con la finalidad de producir cuerpos domesticados. Esta nueva tecnología de poder obedece una causalidad múltiple. Una economía potenciada por el crecimiento de las fuerzas productivas y el incremento demográfico del siglo XVIII plantearon al viejo continente un doble problema: el ilegalismo de los cuerpos se traslada hacia los bienes (delincuencia) e irrumpe la amenaza de la pérdida del control de las viejas técnicas penales de encauzamiento.

El pasaje del castigo del Antiguo Régimen al del orden Burgués no constituye un sistema humanitario más punitivo sino una tecnología acorde con los nuevos requerimientos, una justicia capilar que penetrará hasta los últimos resquicios del cuerpo social. Lo que se perfila es sin duda menos un respeto nuevo a la humanidad de los condenados… que una tendencia a una justicia más sútil y más fina, a una división en zonas más estrechas del cuerpo social.

El proceso de ordenamiento de las sociedades llevó a la reforma y la reorganización del sistema judicial y penal que instauró el pasaje de la indagación, procedimiento por el cual se trataba de saber lo ocurrido, por uno totalmente distinto, no se trata de reconstruir un acontecimiento sino algo, o mejor dicho, se trata de vigilar sin interrupción y totalmente.

En el seno de estas transformaciones surgirá la prisión sustituyendo otras formas de castigo – la deportación (expulsión de las personas, exilio), los mecanismos para provocar escándalos, vergüenza y humillación, el trabajo forzado (como forma de reparación del orden social) y la pena del Talión- dotada de la función de impedir que el delito se repita y de bloquear la reiteración de los delincuentes mediante el objetivo confesado de corregir al penado. Pero, el éxito de la prisión no se instala en estos objetivos explícitos sino en la puesta en marcha de una tecnología eficaz de poder, las disciplinas: “conjunto de técnicas de control corporal que apuntan a una cuadriculación del espacio y del tiempo buscado, con la mayor economía, reducir la fuerza del cuerpo en tanto fuerza política y maximizarla como fuerza económica. De allí en más, un espacio analítico, celular y aun colmenar permitirá, dentro de una sociedad compleja y confusa, ubicar, clasificar y, por fin, vigilar y castigar, es decir, la disciplina es una economía política del detalle que produce “individuos” y hace de esta producción individualizante un método de dominación.

La “delincuencia”, objeto producido por las relaciones de poder-saber de la prisión, permiten producir a un individuo patologizado y moralmente devaluado, puesto que obturó el deseo de los sectores populares de delinquir.

El panóptico

Jeremías Bentham, plasma este modelo de vigilancia social construyendo

Panóptico

Panóptico

esta idea a partir de una metáfora de la sociedad que la denomina Panóptico, “forma arquitectónica que permite un tipo de poder del espíritu sobre el espíritu, una especie de institución que vale tanto para las escuelas como para los hospitales, las prisiones, los reformatorios, los hospicios o las fábricas. El panóptico era un sitio en forma de anillo en medio del cual había un patio con una torre en el centro. El anillo estaba dividido en pequeñas celdas que daban al interior y al exterior y en cada una de las celdas había, según los objetivos de la institución, un niño aprendiendo a escribir, un obrero trabajando, un prisionero expiando sus culpas, un loco actualizando sus locuras, etc. En la torre central había un vigilante y como cada celda daba al mismo tiempo al exterior como al interior, la mirada del vigilante podía atravesar toda la celda.

A través de la metáfora del panoptismo, Foucault intenta apuntar al conjunto de mecanismos que operan en el interior de todas las redes de procedimientos de lo que se sirve al poder el panoptismo ha sido una invención tecnológica en el orden del poder, como la máquina de vapor en el orden de la producción. Esta invención tiene esto de particular: que ha sido utilizada en un principio en niveles locales: escuelas, cuarteles, hospitales… Se ha aprendido a confeccionar historiales, a establecer anotaciones y clasificaciones a hacer la contabilidad integral de estos datos individuales. Se instala, entonces como rasgo característico de la modernidad una sociedad disciplinaria, panóptica que tiene como objetivo central formar cuerpos dóciles, susceptibles de sufrir modificaciones a través de tres operaciones:

a. La vigilancia continua y personalizada,
b. Mecanismos de control de castigos y recompensas y
c. La corrección, como forma de modificación y transformación de acuerdo a las normas prefijadas.

La vigilancia, dentro del panoptismo desempeña un rol destacado, dado que la misma sobre los individuos no se ejerce al nivel de lo que se hace sino de lo que se es o de lo que se puede hacer. La vigilancia tiende cada vez más a individualizar al autor del acto, dejando de lado la naturaleza jurídica o la calificación penal del acto en sí mismo. En este sentido, Foucault habla de la arquitectura de la vigilancia que haga posible que una única mirada pueda recorrer el mayor número de rostros, cuerpos, actitudes la mayor cantidad posible de las cedas; así la tarea principal que le compete a la vigilancia es “vigilar a los individuos antes de que la infracción sea cometida” por eso se la simboliza por un ojo siempre abierto.

El panoptismo más allá de ser simbolizado a través de la metáfora enunciada anteriormente, se corporiza en la realidad de las diferentes instituciones, de este modo Foucault detalla quisiera mostrar cómo es que existe este panoptismo al nivel más simple y en el funcionamiento cotidiano de instituciones que encuadran la vida y los cuerpos de los individuos: el panoptismo, por lo tanto, al nivel de la existencia individual. Así el individuo pertenece a un grupo y el grupo se desenvuelve en las distintas instituciones que conforman la sociedad disciplinaria, como la prisión, la escuela, el hospital, la fábrica etc. Tales instituciones son denominadas por el autor estructuras de vigilancia y todas tienen: un fin común el fijar o vincular a los individuos a un aparato de normalización de los hombres; un objetivo basado en ligar al individuo al proceso de producción, formación o corrección de los productores que habrá de garantizar la producción y a sus ejecutores en función de una determinada norma y un efecto común que es la exclusión del individuo.

Las instituciones no deben clasificadas en estatales y no estatales sino definidas como una red institucional de secuestro que rigen la dimensión temporal de la vida de los individuos y la existencia de los mismos. Así sus funciones se centran en el control del tiempo, basado en la apropiación y explotación de la cantidad del mismo y en el control del cuerpo, basado en un sistema determinado encargado de formarlo y valorizarlo. En este sentido, Foucault afirma en esta sociedad. En el siglo XIX el cuerpo adquiere una significación totalmente diferente y deja de ser aquello que debe ser atormentado para convertirse en algo que ha se ser formado, reformado corregido, en un cuerpo que debe adquirir aptitudes, recibir ciertas cualidades y calificarse como cuerpo capaz de trabajar. Es importante desatacar que, más allá de que todas las instituciones que conforman esta red son especializadas, el funcionamiento de cada una supone una disciplina general de la existencia que supera ampliamente las finalidades para las que fueron creadas.

Dentro de las instituciones de secuestro Foucault califica al poder como, económico, político, judicial, y epistemológico. Éste último es entendido como un poder de extraer un saber de y sobre estos individuos ya sometidos a la observación y controlados por estos diferentes poderes.

Existen varios saberes, por un lado a nivel general, el que es extraído del comportamiento de los individuos, dado que del poder que es ejercido sobre éstos es de donde se extrae un saber.

Y por el otro a nivel más particular tenemos, el saber tecnológico que se forma de la observación y clasificación de los individuos, del registro, análisis y comparación de sus comportamientos y el saber de observación calificado como clínico.

Dentro del poder el autor identifica el sub-poder como una trama de poder político microscópico, capilar, capaz de fijar a los hombres al aparato de producción, conjunto de pequeños poderes e instituciones situadas en un nivel más bajo

De todas las instituciones que Foucault se vale para ejemplificar su discurso, nombra la escuela dentro de lo pedagógico, así “la pedagogía se constituyó igualmente a partir de las adaptaciones mismas del niño a las tareas escolares, adaptaciones que, observadas y extraídas de su comportamiento, se convirtieron en seguida en leyes de funcionamiento de la instituciones y forma de poder ejercido sobre él.

En el primer volumen de la Historia de la Sexualidad expresa que la confesión se instala como una práctica fundamental nacida en el interior de la institución católica, la confesión difundió hasta muy lejos sus efectos: en la justicia, en la medicina, en la pedagogía en las relaciones familiares, en las relaciones amorosas, en el orden de lo más cotidiano, en los ritos más solemnes; se confiesan los crímenes, los pecados, los pensamientos y deseos, el pasado y los sueños, la infancia. El hombre, en Occidente, ha llegado a ser un animal de confesión.

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Las Leyes de la Gestalt (en construcción)

Las leyes de la percepción fueron enunciadas por los psicólogos de la gestalt,(Max Wertheimer, Wolfgang Köhler y Kurt Koffka); quienes en un laboratorio de psicología experimental observaron que el cerebro humano organiza las percepciones como totalidades (Gestalts) de acuerdo con ciertas leyes a las que denominaron “leyes de la percepción”. Estas leyes enuncian principios generales, presentes en cada acto perceptivo demostrando que el cerebro hace la mejor organización posible de los elementos que percibe, y asimismo explican cómo se configura esa “mejor organización posible”  a través de varios principios: Las leyes de la gestalt. Posteriormente estas leyes y la mirada, ya no de una percepción en un momento sino del universo cognoscible como una totalidad, fueron tomadas por diversas disciplinas en ámbitos tan diversos como la comunicación, la arquitectura, la sociología, la psicología social, la ecología, y otras. La, en su momento cuestionada, frase de Kohler “El todo es diferente de la suma de las partes” sintetiza lo sostenido por los experimentalistas acerca de que percibimos totalidades y que cada parte pierde el valor que tiene en el contexto y  posiblemente sus cualidades al ser retirada del mismo. No es difícil si pensamos, por ejemplo, que el filamento de una lámpara incandescente perdería sus atributos y su finalidad si es retirado de la misma.  Esta idea de mirar el mundo a través de la óptica de las totalidades, configuraciones complejas o gestalts no es original de la psicología de la gestalt, sino que muchas civilizaciones antiguas veían a la naturaleza como un todo vivo en el que cada elemento estaba relacionado con los demás de una manera decisiva para el todo y para sus componentes. Esto será retomado por Kurt Lewin, quien estudiara las dinámicas presentes entre los componentes de un campo, en su teoría del campo y aplicará estos conceptos originalmente de topoloigía a los grupos humanos. Y posteriormente surgirá la Teoría general de los sistemas que irá un poco más allá y la idea continuará evolucionando al abrigo del paradigma actual del pensamiento complejo que hoy día estas ideas nos permiten manejar conceptos como el de ecosistema, donde un pequeño acto puede alterar dramáticamente un sistema completo (ej. teoría del caos: evento de la mariposa).
En un principio las leyes de la percepción fueron aplicadas mayormente a lo visual, aunque Köhler habla en su libro “psicología de la forma” de las gestalts usando el ejemplo de acordes musicales. La configuración de las percepciones auditivas  por tanto también responde a las mismas leyes y posiblemente sean aplicables a otras vías de percepción. Estas enunciaciones fueron fundamentales para desentrañar el funcionamiento de la psique, partiendo de la base de que la percepción es la vía de adquisición del conocimiento del mundo y por lo tanto determinante en el posterior desenvolvimiento y configuración de la psique. Cómo percibimos sienta las bases y signa definitivamente cómo pensamos, ya que lo primero que se nos presenta es la percepción y el primer desafío es interpretar esa percepción. Para hacer esta interpretación habrá personas que continuamente nos estén explicando qué significa eso que percibimos, organicen para nosotros ese “caos” y lo aclaren, ayudandonos a discriminar, nominándolo, estableciendo jerarquías e interrelaciones entre el mundo conocido y cada nuevo concepto. Definir, jerarquizar y convalidar ó disconfirmar las percepciones tanto las propias (autopercepciones) como las de lo externo es un arduo trabajo que sin duda da cuenta de la relación que vamos estableciendo con el ambiente. Nos enseñan -como dice Castaneda-, una “descripción del mundo” que pasa a ser la interpretación válida de nuestro mundo y sienta las bases de lo que llamaremos “la realidad”. Conforme crecemos, las percepciones se convierten en totalidades cada vez más complejas, a las que se incorporan elementos tanto externos como internos, dando lugar al pensamiento de un adulto. Esto contituye -volviendo a Castaneda- el diálogo interno que sostenemos permanentemente con nosotros mismos que describe todo lo que existe para nosotros, incluidos nosotros mismos. El modo único en que cada uno organiza sus percepciones determinará de algún modo cómo organizará de adulto sus pensamientos y por lo tanto su experiencia de la realidad. Por eso este es el punto de partida, porque una percepción caótica implicará caos en las representaciones de lo percibido y en los procesos de pensamiento.
Por ultimo las leyes de la gestalt no actúan de modo independiente, aunque se las enuncie por separado; actúan simultáneamente y se influencian mutuamente creando resultados, en ocasiones difíciles de prever, estas leyes se ajustan también a las variables tiempo y espacio (variables subjetivas) y como sucede con las personas que se entrenan para captar el arte abstracto, son sensibles al aprendizaje.
Max Wertheimer

Max Wertheimer

Las leyes de la percepción fueron enunciadas por los psicólogos de la gestalt, (Max Wertheimer, Wolfgang Köhler y Kurt Koffka); quienes en un laboratorio de psicología experimental observaron que el cerebro humano organiza las percepciones como totalidades (Gestalts) de acuerdo con ciertas leyes a las que denominaron “leyes de la percepción”. Estas leyes enuncian principios generales, presentes en cada acto perceptivo demostrando que el cerebro hace la mejor organización posible de los elementos que percibe, y asimismo explican cómo se configura esa “mejor organización posible”  a través de varios principios: Las leyes de la gestalt. Posteriormente estas leyes y la mirada, ya no de una percepción en un momento sino del universo cognoscible como una totalidad, fueron tomadas por diversas disciplinas en ámbitos tan diversos como la comunicación, la arquitectura, la sociología, la psicología social, la ecología, y otras. La, en su momento cuestionada, frase de Kohler “El todo es diferente de la suma de las partes” sintetiza lo sostenido por los experimentalistas acerca de que percibimos totalidades y que cada parte pierde el valor que tiene en el contexto y  posiblemente sus cualidades al ser retirada del mismo. No es difícil si pensamos, por ejemplo, que el filamento de una lámpara incandescente perdería sus atributos y su finalidad si es retirado de la misma.  Esta idea de mirar el mundo a través de la óptica de las totalidades, configuraciones complejas o gestalts no es original de la psicología de la gestalt, sino que muchas civilizaciones antiguas veían a la naturaleza como un todo vivo en el que cada elemento estaba relacionado con los demás de una manera decisiva para el todo y para sus componentes. Esto será retomado por Kurt Lewin, quien estudiara las dinámicas presentes entre los componentes de un campo, en su teoría del campo y aplicará estos conceptos originalmente de topoloigía a los grupos humanos. Y posteriormente surgirá la Teoría general de los sistemas que irá un poco más allá y la idea continuará evolucionando al abrigo del paradigma actual del pensamiento complejo que hoy día estas ideas nos permiten manejar conceptos como el de ecosistema, donde un pequeño acto puede alterar dramáticamente un sistema completo (ej. teoría del caos: evento de la mariposa).

En un principio las leyes de la percepción fueron aplicadas mayormente a lo visual, aunque Köhler habla en su libro “psicología de la forma” de las gestalts usando el ejemplo de acordes musicales. La configuración de las percepciones auditivas  por tanto también responde a las mismas leyes y posiblemente sean aplicables a otras vías de percepción. Estas enunciaciones fueron fundamentales para desentrañar el funcionamiento de la psique, partiendo de la base de que la percepción es la vía de adquisición del conocimiento del mundo y por lo tanto determinante en el posterior desenvolvimiento y configuración de la psique. Cómo percibimos sienta las bases y signa definitivamente cómo pensamos, ya que lo primero que se nos presenta es la percepción y el primer desafío es interpretar esa percepción. Para hacer esta interpretación habrá personas que continuamente nos estén explicando qué significa eso que percibimos, organicen para nosotros ese “caos” y lo aclaren, ayudandonos a discriminar, nominándolo, estableciendo jerarquías e interrelaciones entre el mundo conocido y cada nuevo concepto. Definir, jerarquizar y convalidar ó disconfirmar las percepciones tanto las propias (autopercepciones) como las de lo externo es un arduo trabajo que sin duda da cuenta de la relación que vamos estableciendo con el ambiente. Nos enseñan -como dice Castaneda-, una “descripción del mundo” que pasa a ser la interpretación válida de nuestro mundo y sienta las bases de lo que llamaremos “la realidad”. Conforme crecemos, las percepciones se convierten en totalidades cada vez más complejas, a las que se incorporan elementos tanto externos como internos, dando lugar al pensamiento de un adulto. Esto contituye -volviendo a Castaneda- el diálogo interno que sostenemos permanentemente con nosotros mismos que describe todo lo que existe para nosotros, incluidos nosotros mismos. El modo único en que cada uno organiza sus percepciones determinará de algún modo cómo organizará de adulto sus pensamientos y por lo tanto su experiencia de la realidad. Por eso este es el punto de partida, porque una percepción caótica implicará caos en las representaciones de lo percibido y en los procesos de pensamiento.
Por ultimo las leyes de la gestalt no actúan de modo independiente, aunque se las enuncie por separado; actúan simultáneamente y se influencian mutuamente creando resultados, en ocasiones difíciles de prever, estas leyes se ajustan también a las variables tiempo y espacio (variables subjetivas) y como sucede con las personas que se entrenan para captar el arte abstracto, son sensibles al aprendizaje.

Leyes Generales

Ley general de la figura y fondo 03

Ley general de la figura y fondo

Figura: es un elemento que existe en un espacio o “campo” destacándose en su interrelación con otros elementos.
Fondo: Todo aquello que no es figura, es la parte del campo que contiene elementos interrelacionados que sostienen a la figura que por su contraste tienden a desaparecer.
Influencia en lo Psíquico
La percepción se efectúa en forma de “recortes”; percibimos zonas del campo perceptual en las que centramos la atención y a las que llamamos “figura” y zonas circundantes que quedan justamente en un plano de menor jerarquía a la que denominamos “fondo”. Este fenómeno tiene que ver con la anatomía del ojo, cuya  retina en su zona central posee  una mayor cantidad de receptores que en la zona periférica lo que ofrece una zona de mayor definición. de la misma forma funciona la conciencia, con un foco al que llamamos “figura”. El conjunto figura-fondo constituye una totalidad o gestalt. Esto significa que no existe figura sin un fondo que la sustente (aunque el fondo justamente esté constituido por un espacio vacío. Según el lugar donde posemos la atención pueden emerger diferentes figuras desde lo que antes era fondo. Por ejemplo, en una obra teatral podemos mirar a la primera actriz y hacer figura en toda ella, o en un detalle de su traje, pero también podemos al instante siguiente cambiar a un detalle del decorado que será a nueva figura y la primera actriz pasará a ser parte del fondo. En ocasiones el conjunto está compuesto por estímulos de igual intensidad como es el caso de los perfiles y el cáliz que vemos a la izquierda, y en ocasiones los campos difusos e inestructurados o cambiantes dificultan la posibilidad de aislar y percibir una figura, es decir de diferenciar figura-fondo. Esto muchas veces nos sucede frente a situaciones en las que no podemos hacer figura y aislar un componente porque varios de ellos se nos imponen o ninguno. La percepción de campos inestructurados o difusos  provoca un efecto desestructurante sobre la psiquis, confunde. Como sucede con las obras de arte abstracto, siempre intentamos darle un ordenamiento y una interpretación conforme a la propia experiencia. En esta característica se basan los psicodiagnósticos como el Rorschach.
La percepción subliminal sería la percepción de aquella parte del fondo que nunca llega a hacerse figura, por lo tanto no es susceptible de atención. Sin embargo el fondo sostiene a la figura, por lo tanto los elementos del fondo están presentes en la percepción aunque nunca emerjan como figura.  Esto puede observarse en las ultimas dos láminas, en las que la figura puede ser el quijote o los ancianos, sin embargo hay rostros ocultos en la composición que si no se hacen figura de todos modos serán percibidos subliminalmente.
6Ley general de la buena forma (simplicity) (organización)
Los elementos son organizados en figuras lo más simétricas, regulares y estables que sea posible.
Influencia en lo Psíquico
La ley de la buena forma se basa en la observación de que el cerebro intenta organizar los elementos percibidos de la mejor forma posible, esto incluye el sentido de perspectiva, volumen,  profundidad etc. El cerebro prefiere las formas integradas, completas y estables. Esta ley de alguna manera involucra a otras leyes, ya que el cerebro prefiere también  formas cerradas y /o continuas o simétricas (ley del cierre; ley de la continuidad), con buen contraste (figura- fondo) es decir, definidas.
Esta ley se expresa en un nivel del pensamiento cuando rechazamos algo o alguien inacabado o defectuoso. Hay personas que al ver una casa la imaginan con todas las mejoras que harían y otras solo ven “lo que se ve”. Cada uno tiene una tendencia a la búsqueda de buenas formas en lo que percibe,
A veces intentamos definir aquello que no está definido, poner rótulos, y/o encasillar es una forma de intentar dar una forma acabada a algo que no la tiene; porque lo difuso o ambiguo transmite la sensación de es desconocido y esto despierta cierta inquietud y/o malestar al ser percibido como un campo difuso, donde no hay figuras claras. Como ver un plato entero, y verlo roto en pedazos, muchas veces el primer impulso al levantar los trozos  es unirlos para recobrar la percepción del todo, la buena forma. En las figuras de al lado la percepción intenta resolverlas en cosas conocidas como un elefante o unas columnas aunque no lo son. Así en la última figura por ejemplo solo tiene sentido si miramos una parte de la figura, la inferior o la superior, pero cuando intentamos organizarla como un “todo” entonces aparece la dificultad.

Leyes Particulares

completudLey del cierre o de la completud
Las formas cerradas y acabadas son más estables visualmente, lo que hace que tendamos a “cerrar” y a completar con la imaginación  las formas percibidas buscando la mejor organización posible.
Influencia en lo Psíquico
Las formas abiertas o inconclusas provocan incomodidad y existe una tendencia a completar con la imaginación aquello que falta. En esto se basan algunos funcionamientos psíquicos, por ejemplo cuando con algunos indicios saco una conclusión aunque no haya percibido la totalidad de los detalles de la situación. Percibo por ejemplo un triángulo, aunque de hecho no esté allí. La ley de cierre asimismo nos mueve a que, cuando una persona se interrumpe, intentemos concluir su frase. Por ejemplo: “si ahora yo… ”      Esta frase deja la sensación de que algo falta y el deseo de saber qué sigue, se trata de la ley de cierre expresada en el ámbito psíquico, a veces cobra la forma del prejuicio (un completamiento imaginario que requiere desinformación). Lo mismo ocurre al oír una melodía que no resuelve. Las formas abiertas invitan a ser cerradas, por eso quedan mucho más presentes los finales abiertos.
ALLPORT y POSTMAN (1947) en su estudio sobre el rumor lo definen como algo inacabado, difuso o ambiguo y el proceso de rumor es un proceso en que se busca según ellos una mejor “gestalt” algo más significativo, más completo coherente y con más significado como respuesta a una situación confusa, y dentro de ese proceso se van ensamblando hipótesis que develen o completen lo que falta.
slide0003_image003Ley del contraste
La posición relativa de los diferentes elementos  incide sobre la atribución de cualidades (como ser el tamaño) de los mismos.
Influencia en lo Psíquico
En el terreno de lo psíquico esta ley de la percepción se utiliza para hacer comparaciones entre diferentes situaciones y contextos. En este sentido aunque los valores absolutos (medidas)  se mantienen, el explorar los valores relativos puede hacer que una situación cobre un valor diferente al modificar lo puntos de referencia. En la terapia sistémica el recurso llamado  “reframing” responde a la ley de contraste. Si por ej. la pérdida del trabajo, se compara con otras situaciones menos importantes, por (perder el tren, olvidar hacer un llamado), entonces cobra una relevancia casi dramática, y si, en cambio, se la compara con situaciones más graves como perder la salud, o perder a un ser querido, entonces no parece tan grave. El concepto de “relativizar”  comparar con situaciones peores, funciona en base a la ley del contraste.
Otro ejemplo podría verse en personas que, teniendo una pobre autovaloración, necesitan rodearse de personas que perciban como  inferiores en algún aspecto para, por contraste, sentirse más importantes.
(En construcción…)

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El Funcionalismo

William James

William James

Conocida también con el nombre de psicología funcionalista, es la escuela que subraya el estudio de la mente como una parte funcional, esencialmente útil, del organismo humano. La actitud funcionalista fue consecuencia lógica de la propagación del darwinismo y su doctrina de la “supervivencia de los más aptos”. El funcionalismo psicológico insistía en la importancia de técnicas como los tests de inteligencia, y las experiencias controladas para medir la capacidad de los animales para aprender y resolver problemas. Este tipo de investigación representaba una clara ruptura con los métodos introspectivos utilizados por los primeros psicólogos del siglo XIX.

Entre los representantes más destacados de esta corriente se cuentan los filósofos William James (que enseñó formalmente la doctrina funcionalista) y John Dewey.

William James, el primer psicólogo nacido en Estados Unidos. En su juventud, había estudiado química, fisiología, anatomía, biología y medicina, para, posteriormente, en 1872, aceptar una oferta para enseñar fisiología en Harvard. En este lugar leyó filosofía en sus ratos libres, encontrando un nexo entre ella y la fisiología. Ambas disciplinas parecían convergir en la psicología.

En 1875, James empezó a impartir clases de psicología en Harvard (más tarde

John Dewey

John Dewey

confesó que la primera conferencia que oyó sobre el tema fue la que él dictó). Una parte de su laboratorio lo destino a los experimentos psicológicos. Comenzando a trabajar además en un libro, el The Principles of Psychology, que se publicó en 1890.

Al preparar sus clases y su libro, James estudió los escritos estructuralistas a fondo y consideró que había un error en el enfoque de Wundt y de Titchener, llegando a al conclusión de que los átomos de la experiencia (las sensaciones puras sin asociaciones) simplemente no existían. Nuestra mente teje sin cesar asociaciones, revisa experiencias, comienza, se detiene, pasa de una cosa a otra en el tiempo. James opinaba que la conciencia es un fluir continuo. Las percepciones y asociaciones, las sensaciones y emociones, no pueden separarse. Cuando observamos un plátano, vemos un plátano y no un objeto largo y amarillo.

Sin dejar de concentrarse en la experiencia común, James emprendió el estudio de los hábitos. No tenemos que pensar en la manera de levantarnos por la mañana, de vestirnos, de abrir la puerta o de caminar por ella. James sostuvo que, cuando repetimos algo varias veces, el sistema nervioso cambia de modo que, cuando la siguiente vez realizamos la misma acción, ésta se nos facilita.

Éste era el nexo que le hacía falta. Por ser un biólogo, creyó firmemente que toda actividad (desde el latido cardiaco hasta la percepción de un objeto) es funcional. Si no fuéramos capaces de reconocer un plátano, tendríamos que pensar qué es cada vez que lo viéramos. Así pues, las asociaciones mentales no permiten aprovechar la experiencia previa.

Con esta intuición, James llegó a la formulación de una teoría funcionalista de la vida mental y del comportamiento. Esa perspectiva no sólo se ocupa del aprendizaje y la sensación o percepción, sino sobre todo de cómo un organismo se sirve del aprendizaje o de sus capacidades preceptúales para vivir en su ambiente. James defendió asimismo el valor de la introspección subjetiva (sin adiestramiento e insistió en que la psicología debería centrarse en las experiencias comunes de la vida real.

En 1894 uno de sus alumnos, James R. Angell, fue nombrado jefe del nuevo departamento de psicología de la Universidad de Chicago. John Dewey, que había estudiado psicología estructuralista en la Johns Hopkins, se convirtió en profesor de filosofía en Chicago ese mismo año. Juntos hicieron de Chicago el centro de la escuela funcionalista. Ambos fueron los primeros en aplicar ese enfoque a la educación.

Entre 1890 y 1910, el funcionalismo fue el movimiento más importante en la psicología académica anglosajona y, básicamente, el precursor del conductismo. El funcionalismo no ha continuado como una doctrina psicológica independiente: sus puntos de vista han sido incorporados a la corriente general del pensamiento psicológico contemporáneo, sobre todo a la psicología aplicada y, en concreto, a la medida de la inteligencia y las aptitudes básicas.

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La familia nuclear, ¿Herencia de la revolución industrial?

Por: Lic. Julissa Gutiérrez, Profesora de la Facultad de Ciencias y Humanidades

Colaboradora del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad de Piura.

La familia como institución natural, no puede considerarse como un producto estático, pues ha recibido a lo largo del tiempo un legado histórico considerable. Por ejemplo, la forma cómo los griegos concebían a la familia es diferente a la que tuvieron los romanos del Bajo Imperio, influida por los ideales cristianos; y distinta a la idea de familia del siglo XXI. La familia, pues, como hija de su tiempo, ha sufrido muchas transformaciones, positivas y negativas.

De acuerdo con esto, nos surge una pregunta ¿desde cuándo presenciamos la difusión del modelo nuclear de la familia (padre, madre e hijos), tan arraigado en la sociedad occidental? Vemos que uno de los momentos claves de la historia y cuya influencia aún se siente fue
la Revolución Industrial. Iniciada en Inglaterra a fines del siglo XVIII, trajo un sinfín de innovaciones tecnológicas a la producción, que originaron una migración masiva de las familias rurales, hacia las ciudades.

Este fenómeno, de gran relevancia económica, tuvo y tiene una repercusión enorme en la sociedad y, por supuesto en la familia. En la sociedad preindustrial predominaba el modelo de familia rural y extensa conformada por padres, hijos, abuelos, tíos, parientes en general, quienes, unidos por lazos de sangre, fortalecían sus relaciones con los rituales del matrimonio, el nacimiento y la muerte. La familia era, pues, el contexto social más importante ya que además de lugar de residencia constituía la unidad básica de producción; sus miembros trabajaban conjuntamente y se prestaban apoyo mutuo.

Asimismo, ejercía funciones de bienestar y de control social, no sólo criaba y educaba a sus hijos, sino también servía cuidaba de los enfermos y ancianos. En ella era diferente el trato y la educación de niños y adolescentes; sobre todo en las sociedades rurales, sus miembros, desde muy pequeños eran tratados como adultos, a diferencia de la prolongada adolescencia observada en las sociedades actuales, que deja transcurrir más de diez años entre la pubertad y la adopción de roles adultos.

Pese a que no se conocen bien las razones del cambio, a partir de la revolución industrial comenzó a “generalizarse” la familia conyugal o nuclear; decimos generalizar porque el modelo nuclear ya existía y, aunque no emergió en un punto histórico específico, fue el Cristianismo quien más lo impulsó.

Al crecer las ciudades con el desarrollo industrial, las relaciones entre los miembros de las familias que habían sido más personales y directas, se vuelven impersonales y anónimas, la gente se vuelve desarraigada, y decae la solidaridad.

Con la industrialización se produjo la separación entre el hogar y el lugar de trabajo, estableciéndose así una frontera más visible entre el espacio público y el privado. La familia se idealizó como un lugar perfecto donde se redujo la distancia entre padres e hijos y se revalorizó la función social de la mujer como esposa y como madre. La ideología liberal, nacida del desarrollo de la burguesía y del progreso económico, empezó a proclamar el derecho del individuo a escoger al cónyuge, el lugar de residencia y el grupo de familiares con los que se quiera relacionar. Sin embargo, este proceso acarreó un aspecto negativo: se produjo una individualización de las relaciones familiares, que causó una creciente separación entre la familia nuclear y el parentesco extenso y el cierre del hogar a los no parientes; asimismo, causó una gran separación entre las generaciones y, especialmente, el aislamiento de las personas ancianas.

No debe extrañarnos por lo tanto la presencia de algunos fenómenos actuales como el abandono de los ancianos, la indiferencia creciente hacia quienes no forman parte de la familia nuclear, el individualismo que aísla a las familias de una dinámica social comprometida, y las sumerge en una especie de anomia.

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