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Sigmund Freud: “Gobernar es una tarea imposible”

Me pareció muy interesante este artículo del blog que tiene en el diario MinutoUno.com la gente de la Fundación Buenos Aires. espero lo disfruten en todo este contexto eleccionario y partidista que padecemos todos los que vemos un poco más allá de los discursos falaces de nuestros gobernantes.

A los ciudadanos nos cuesta a veces acercarnos a ese campo difuso y poco comprensible que constituye la política.

La política y los políticos -mucho más en estos tiempos de elecciones- dan la imagen de  una impostura, en la que los ideales y los objetivos que son deseables para una sociedad, y que deberían definir el curso de las elecciones, se diluyen en una sucesión de imágenes, en intercambios de palabras vacías -siempre regulados por los grandes medios-, en una especie de guerra simbólica de todos contra todos.

Más allá de la responsabilidad de quienes ejercen el oficio de políticos en las sensaciones ciudadanas, vamos a mencionar algunos puntos que tienen relación con rasgos que caracterizarían las subjetividades políticas y lo político.

Los sujetos no tienen una esencia, es decir, alguien no se transforma en político,  sino en el seno de una sociedad y de ciertas prácticas y discursos que definen –entre otras cosas- lo que se espera y lo que no se espera de un político.

Los discursos, como los sujetos, también son históricos, están sujetos a cambios, y como fundamento de la política, explica en parte que esta misma esté en un proceso de transformación continua. No es lo mismo la política en tiempos de crisis y la de tiempos de bonanza, aunque ésta sea imaginaria. No es lo mismo el discurso político que aceptábamos como válido en los años noventa que el que aceptamos como válido en el 2009. Sin embargo, cuando escribo “discurso” en singular me sobreviene una duda: ¿existe alguna posibilidad de sintetizar la gran diversidad de expectativas sociales acerca de lo que es hacer política, y acerca de lo que se espera de los sujetos políticos?

¿No es la oposición permanente de los discursos –sobre lo que sería conveniente o no para una sociedad-, una característica propia de la política?

¿Existe en realidad, un consenso acerca de lo que la sociedad desea para sí? ¿Estamos en posibilidades de afirmar que queremos una sociedad que distribuya el ingreso, que exija a todos de acuerdo a sus posibilidades, que sea solidaria con quienes menos tienen, que promueva el cuidado de unos hacia otros? Y aunque lo estuviéramos, ya que se trata de principios generales con los que todos podríamos comulgar en mayor o menor medida, ¿estamos dispuestos a aceptar las medidas que implicaría la realización de cada objetivo para cada uno de nosotros?

En estos tiempos, aceptamos una política basada en la imagen, en la publicidad, en unos pocos slogans, tan solo algunos significantes, con los que nos sentimos convocados, sin que busquemos profundizar en su sentido o significación. Es el único elemento sobre el que se podría decir que hay consenso, el de la imagen.

Y cuando se pretende imponer una visión de la política y la sociedad, automáticamente se tiende a definir el comportamiento como autoritario o violento. Y es que siempre la asunción de una visión del mundo implica a un nosotros que asume la representación del todos, pero que resulta paradójicamente excluyente.

El nosotros incluye irremediablemente a unos y excluye a otros, no podría ser de otra manera. Porque al existir un nombre, una pertenencia, una identidad que convoque a un grupo de seres humanos –y la política no podría existir sin alguna forma de agrupación y de pertenencia que proporciona la idea de unidad- siempre alguien debe quedar afuera, y ese alguien se transforma en enemigo.

No podría existir entonces una identidad política que fuera universal, es decir, un nosotros para todos, que incluyera todas las diferencias existentes. Un nosotros todos llevaría a conformar nuevas afinidades, neutralizaría de alguna manera las diferencias, y no permitiría  emerger a ninguna de manera consistente. En ella se diluirían los distintos intereses y valores que constituyen el capital político de la sociedad y emergerían de todas maneras los conflictos.

Por eso el sectarismo y ciertas formas, aunque más no sean simbólicas, de violencia son parte de la lógica que constituye a la política, porque, siguiendo las palabras del filósofo Schmitt, ella se funda sobre la distinción entre amigos y enemigos. Incluso el Estado, que se pretende neutral y abarcador de todas las diferencias –sociales, económicas, éticas, culturales- no puede sustraerse a lo real que emerge de los antagonismos entre los sujetos y los grupos que lo conforman.

Articular las diferencias y a la vez representar los intereses de todos, parece ser una tarea titánica si la política conserva sus características esenciales, la de contener las semejanzas y diferencias de los sujetos y los grupos. A algo de esto se referiría Freud cuando decía que gobernar era una tarea imposible.

Lic. Marcia Maluf, de la Fundación Buenos Aires

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Lavado de Cerebro

En este nuevo post presento este video de una serie española llamada “Redes” que aborda la temática humanista, especialmente de la Psicología. Aquí hablaremos del proceso de “Lavado de Cerebro”, muy común en ámbitos de las sectas y algunos políticos mesiánicos. Saludos…

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Los fans de música clásica y los del heavy metal se parecen mucho

Black Sabbath, la banda pionera de uno de los géneros más alucinantes de la música universal: el Heavy Metal

Black Sabbath, la banda pionera de uno de los géneros más alucinantes de la música universal: el Heavy Metal

Como los melómanos a la música clásica, los del metal son creativos y se sienten a gusto, señala el estudio realizado durante los últimos tres años por Adrian North, profesor de psicología de la Universidad Heriot-Watt de Edimburgo.

Los admiradores del heavy metal comparten “un amor por la magnificencia”, que los predispone a apreciar de la misma manera algunas obras de música clásica. “Aparte de las diferencias de edad, es fundamentalmente el mismo tipo de personas”, asegura el profesor North. “Muchos seguidores de heavy metal le dirán que también les gusta Wagner porque es grandioso, ruidoso y exuberante”.

Asimismo, el estudio demuestra que al contrario de las ideas recibidas, los aficionados al heavy metal tienen un temperamento afable, no son los más vehementes en el trabajo y les falta confianza en ellos mismos. Al revés que los admiradores de música clásica, que tienen una buena opinión sobre ellos mismos, explica el estudio. “El público siempre ha estereotipado a los amantes del heavy metal como deprimidos y suicidas, como un peligro para la sociedad y para sí mismos. Sin embargo son personas muy delicadas”, nota Adrian North.

Según el estudio, los apasionados por el country son trabajadores, los

Johann Sebastian Bach, una gran influencia y un genio...

Johann Sebastian Bach, una gran influencia y un genio...

admiradores de rap son sociables, y los de jazz tienen espíritu de innovación y una gran autoestima. “Nosotros siempre habíamos sospechado que existía un vínculo entre los gustos musicales y la personalidad”, explicó North. “Esta es la primera vez que hemos sido capaces de observarlo en detalle. Nadie había realizado antes un estudio a esta escala”.

Más de 36.000 personas en todo el mundo fueron interrogadas para este estudio, donde opinaron sobre 104 estilos musicales y respondieron a preguntas sobre su personalidad.

P.D.: El autor y compilador de este blog adhiere a esta idea.  Las investigaciones acerca de la relación entre los gustos musicales y los perfiles de personalidad son una realidad en nuestra sociedad moderna. ¡¡Viva el Heavy Metal!!

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La Violencia en la Escuela (Opinión)

“¿Cómo pensar, y cómo continuar pensando, en los tiempos que vivimos? ¿Existe aún alguna perspectiva desde la cual trazar el perfil de una humanidad en continua agitación y a la vez inmóvil, instalada en la afirmación paradójica de que ya no será posible afirmar absolutamente nada? Una humanidad en fuga, que tolera apenas el hastío de sus propias astucias, que disfraza su identidad o su vacío bajo una serie interminable de decorados, disfraces y simulacros…”

Nuestra sociedad, frente a la demanda de sentido y de valor, ofrece incertidumbre y desesperanza. Los objetos del capitalismo mercantil, -lejos de ofrecer cambios estructurantes, simbólicos, fuertes y diferenciados-, sólo apuntan al deseo infinito de su consumo (abarcar, tragar y comercializar todo lo real). La economía rige de manera hegemónica todos los actos de la vida humana, despojando al campo simbólico de lo viviente, de todo sentido y valor, en beneficio del dispositivo insignificante de la razón deseante, satisfecha y frustrada del animal consumidor. “EL HIPERMERCADO ES LA REGLA”.

Este es el contexto para poder leer y escuchar los acontecimientos de violencia que ocurren dentro y fuera de la institución escolar. La escuela actúa como pantalla proyectiva por excelencia de lo que sucede todo el tiempo a nivel social. Es así como en ella ocurren violaciones en los baños, o peleas a navajazos entre distintos establecimientos, o padres que esperan a la maestra “a la salida” para golpearla por la amonestación que sufrió su hijo, o chicos que disparan armas, etc., etc. ¿Por qué asombrarnos ante hechos de violencia que son el reflejo de una comunidad que ha sido quebrada, dividida y casi destruido su tejido social y sus redes de solidaridad? Cuando la escuela Nº 4 fue ocupada por los alumnos, debido a las deplorables condiciones edilicias que presentaba, los chicos pusieron un cartel que da cuenta de lo que sucede, y es un analizador privilegiado: “EL SILENCIO Y LA MENTIRA TAMBIÉN SON VIOLENCIA”.

Cuando la instancia de identificación de la adolescencia se remite a la falta de verdaderos actores de la historia, y sólo aparecen simples comparsas (efecto Cromagnon), sin duda, uno se vuelve el simulacro de su propio ideal. Triunfa la inquietud el desconcierto y el desánimo.

Muchas de las nuevas formas de convivencia son sólo prácticas secuenciales, fragmentarias, casi experimentales y de futuro incierto. La gran masa de adolescentes ha atravesado parte de su existencia en una inmensa ausencia de “ser”. Están los que pueden acceder al consumo o los que viven el desamparo y el sufrimiento. Egresados sin diploma que engrosan las filas de futuros desempleados y en el mejor de los casos emigrantes.

Despojada la institución escolar de las significaciones y valores que la fundaron, la escuela se ve cada vez más reducida a funciones de instrumentalización, selección y control para aumentar las filas del consumo o de la desocupación. Vivimos en una sociedad en la cual el extrañamiento domina la escena. Desorientados y perdidos en el tiempo y en el espacio, sin un lugar y sin una consistencia subjetiva palpable, sin la familiaridad de ciertas relaciones y contratos que hasta ayer eran válidos. Esta es la “identidad no colectiva” que nos propone la globalización. Son países que necesitan que algunos de sus integrantes estén en un “no lugar”, por lo tanto, parte de sus miembros asumen un lugar de “sobrantes”.

Es así como el trabajo y la educación se convierten en dispositivos aislados e incomunicados pero, también son condiciones de inclusión o de exclusión. Si el acceso a aquéllos determina una transformación social, su restricción promueve pauperización. Un cartonero comentaba en una reunión en una escuela para pedir talleres de alfabetización: “Estamos creando una generación de cartoneritos.”

La robustez de una sociedad reside en los espacios creados por los propios integrantes para articular colectivamente la trama social de la cooperación, integración y complementariedad de las potencialidades individuales. La red social no es algo dado, instituido y fijo, es un lugar abierto donde el poder circula y donde se anuda y desanuda de acuerdo a un futuro y en la obstinada permanencia de nuestros sueños. Somos tan sólo los sobrevivientes de una catástrofe política.

Escepticismo, prostitución adolescente, violencia cotidiana en aumento. Muchos de los símbolos actuales de identidad, como ya fue dicho, tienen su origen en el mercado y en el consumo. La reestructuración de las identidades en torno a consumos globales traza líneas de pertenencia que rebasan los límites locales e instalan otros límites, donde el vínculo se establece por el acceso a la tecnología y esto es lo que define la posibilidad de ocupar un lugar. La violencia denuncia en cierto sentido esta mutación, este estado actual de las cosas.

Los jóvenes terminan coexistiendo con dos alternativas contrapuestas: “el no lugar” por la falta de identidad ciudadana, y una “sobreasignación desde una identidad estigmatizante”. La adolescencia se instituye como campo de batalla de fenómenos y conflictos sociales que reproduce y reformula. “Esta etapa de la vida como tal debe ser sostenida en tanto nos posibilita a la comunidad toda algún tipo de orden y responsabilidad dentro de lo incomprensible cotidiano”.

“…Una comunidad para merecer tal nombre, debe apoyarse en la idea de que sus miembros asumen una responsabilidad compartida por cada uno de los que la integran. No puede haber una sociedad sin un sentido y una práctica de la responsabilidad. Y si la capacidad de carga de los puentes se mide por la fuerza de sus pilares mas débiles, la solidaridad de una comuna se mide por el bienestar y la dignidad de sus miembros más débiles…” (Extractado del libro Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos de Zygmunt Bauman, Editorial Fondo de Cultura Económica).

Lo que sucede casi a diario en nuestras escuelas y en algunos casos es tapa de diarios o noticia televisiva como la violencia escolar, el maltrato de alumnos a docentes y viceversa o de padres a docentes y alumnos, armas en la escuela, etc., etc., son analizadores de las condiciones en que se desarrolla el proceso educativo en el aquí y ahora de los educadores y educandos, en la Argentina. Hay continuos y pequeños maltratos diarios. Hace mucho que los docentes vienen reclamando una mayor formación y otra mirada sobre lo que ocurre puertas adentro de los colegios; réplica deformada de la violencia del afuera. Trabajo y educación han sido prácticas privilegiadas para dar sentido a la identidad en la modernidad; sin embargo, el proceso histórico pone de manifiesto la crisis de estos modos de socialización.

Muchos de los símbolos actuales de la identidad posmoderna tienen su origen en el mercado, en el puro presente del consumo (CONSUMIR Y SER CONSUMIDO), y no en el rescate de un pasado histórico. Y es en los espacios de la vida cotidiana donde se dirime la lucha por la construcción de sentido. Pero si en estos espacios (familia, colegios, clubes, plazas, calles, etc.) se instala un clima de peligrosidad en los vínculos, predominará la desconfianza, el desamparo y la inseguridad.

Nuestra sociedad instaura un vínculo con sus jóvenes, que recrea en muchos puntos al de un inmigrante. El joven al des-ciudadanizarse, pasa a ser un extraño, un sujeto que ya no tiene derechos ni reglas establecidas a priori. Su lugar de alojamiento ha sido vulnerado.

La escuela como agente privilegiado de socialización se ha debilitado y, no obstante, sigue siendo para nuestros chicos el lugar donde expresar aquello que les sucede. Los docentes deben estar preparados a escuchar y a participar de un proceso social de recuperación de la historia. Quien se apropia de su historia recupera su palabra. El desafío -una vez más-, es no retroceder frente al conflicto, para soportarlo y desplegarlo; pero en forma colectiva y grupal. Nada de lo que acontece en las escuelas puede ser resuelto individualmente. Se correría el peligro de reinstalar una vez mas la escena entre una víctima y un victimario. Nuestro país tiene una crónica que da cuenta una y otra vez de este imaginario. Nosotros en tanto intelectuales debemos ser militantes de la verdad e incorporarnos al devenir paradójico y violento de las verdades y no retroceder frente a ellas.

Monika Arredondo
Psicoanalista -Analista institucional
monikaarredondo@uolsinectis.com.ar

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El Culturalismo

Erich Fromm

Erich Fromm

En los años 50, 60 y 70 del siglo pasado asistimos al auge de esa corriente de pensamiento en los paises desarrollados, sobretodo en los EEUU, Europa y algunos sudamericanos.

Cuajó a expensas de la gran influencia que por entonces tenía la hoy ex-Unión Soviética sobre la izquierda universitaria y culta y abarcó amplios campos del saber: La filosofía, la antropología, la sociología, la historia, la psicología y por lo tanto el psicoanálisis, la política.

Leiamos a Marcuse (La Sociedad Carnívora), a Sartre, a Foucault y a Althusser.

Dentro del campo del psicoanálisis también se notó su influencia.Desde el marxismo y desde fuera del marxismo.

Podemos definir al Culturalismo como la tendencia que pone el énfasis en los factores sociales y culturales en el desarrollo de la personalidad y en la generación del conflicto.

Esta escuela hace una valoración superlativa de esta “presión cultural”.

Entre sus epígonos dentro del campo psicoanalítico destacaron personalidades como Harriet Sullivan, Karen Horney y Erich Fromm.

Ellos rechazaron la teoría freudiana de las pulsiones y pusieron en primer plano dos conceptos: la angustia y la agresividad.

La primera como consecuencia del conflicto del Yo con las exigencias culturales, la segunda como efecto de la frustración.

Esta frustración produce un profundo resquemor y una agresividad que debe ser reprimida y por lo mismo está en el origen de la angustia.

Esta forma de entender la génesis del conflicto está totalmente alejada de los

Karen Horney

Karen Horney

postulados freudianos y lacanianos y son los que han desvirtuado el concepto de frustración en el psicoanálisis, volviendo muy dificil su recuperación.

Además de la constatación de como se han apoderado del concepto las escuelas conductistas.

A nivel del pensamiento filosófico, Sartre se ocupó y mucho del concepto de angustia y dentro del existencialismo y la fenomenología pensadores como Biswanger y Victor Frankl fueron sus continuadores.

El último de ellos, muy ligado al pensamiento católico y a algunas ideas del junguismo.

Sullivan describe por aquél entonces una angustia que él llamó básica, que es adquirida en las primeras etapas de la vida, en la infancia, y transmitida por los padres. Esta ponía en evidente riesgo la necesidad que tiene el niño de seguridad.

Esta necesidad de seguridad no tiene un origen sexual para él, sino que está fundamentada en la socialización.

Se aleja por lo tanto del concepto freudiano de placer libidinal.

De allí surgirá como consecuencia que al tratar de evitar la angustia, reprimirá todos los impulsos que puedan entrar en conflicto con las normas culturales.

Karen Horney también considera a la angustia como un efecto directo de la frustración. Para ella la angustia procura en su intento de ser disuelta, un aumento de las necesidades afectivas y una búsqueda del amor exclusivo, sobretodo de la madre.

Al no lograrlo totalmente, se produce agresividad, que lo lleva a experimentar fuertes sentimientos de culpa y temor a perder el amor primordial.”La personalidad neurótica de nuestro tiempo”.

Erich Fromm, que como recordarán escribió títulos tan importantes como “El arte de amar” o “El miedo a la libertad”, ubica a la angustia como resultado del conflicto infantil entre la necesidad de independencia y la de reconocimiento.

Para él, la justicia, la libertad y la verdad, son tendencias innatas, fuertemente asentadas en la personalidad humana y no meras sublimaciones como fueron comprendidas por Freud y posteriormente por Lacán.

Para Fromm, el hombre y la sociedad se recrean dialécticamente y es ésta interacción la que hace del hombre un ser fundamentalmente “social”.

El complejo de Edipo, por lo tanto, es el producto de una sociedad que el denomina “patriarcal”, y el resultado de la lucha del niño por su individuación.

La escuela culturalista llega a conclusiones radicalmente opuestas a las que llegó Freud.

Las actitudes de la sociedad hacia la sexualidad son para ellos realmente peligrosas, siendo en última instancia la sociedad la causa de la agresividad y la angustia.

Por supuesto, estas posiciones fueron fuertemente criticadas por los psicoanalistas clásicos y rebatidas por numerosos trabajos que investigaron el origen de la sexualidad infantil y el complejo edipo-castración.

Al poner el énfasis en la frustración “realmente” vivida por el individuo, los culturalistas descuidan el papel de la fantasía en los conflictos individuales y terminan negando el concepto de inconsciente tal como lo alumbró Freud y como lo perfeccionó Lacán.

Ellos analizan el conflicto como una “realidad” y perciben a la historia como un “trauma”.

Su equívoco más importante es el desconocimiento del caracter imaginario de la angustia y del conflicto edípico, y de los conceptos que por aquel entonces estaba elaborando Lacán con la ayuda de la lingüistica, y su descubrimiento de lo Real.

El Culturalismo desapareció como tal, pero muchas de sus ideas siguen vivas en los movimientos sociales y políticos.

Sobretodo en los llamados “movimientos de liberación de la mujer”.

El psicoanálisis, con el crecimiento de la influencia de las ideas de Lacán, dió un paso mas allá.

Sin perder de vista los conflictos sociales, no abandona en absoluto el pensamiento de Freud desarrollando nuevas lineas de investigación y abriendo perspectivas que garantizan la formulación de un psicoanálisis mucho mas completo, moderno y eficaz para entender al hombre de nuestro tiempo.

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Cumbia Villera: ¿El ruido de los olvidados?

Por María Soledad Barría

Una de las tantas imágenes de estas agrupaciones.

Una de las tantas imágenes de estas agrupaciones.

La mitad de la población vive por debajo de la línea de la pobreza. La delincuencia aumenta. La droga se instala en cada lugar posible. El sistema educativo está en crisis desde ya hace muchos años. En tanto que el desempleo crónico está arruinando una generación de jóvenes.

Éste es el contexto social que vive la Argentina hoy. Por eso para hablar del fenómeno de la cumbia villera, también hay que tener presente que, como en el caso de la mayoría de los “fenómenos”, éste ha sido absorbido por el mercado.

El propósito de este ensayo es dar cuenta del proceso de identificación que se produce entre los sectores populares que consumen este subgénero musical con relación a su líder o cantante por un lado y por el otro, establecer qué es lo que se produce respecto de las otras clases sociales.

Utilizando las letras como una herramienta de análisis: ¿Se puede establecer que se da una “revalorización” de lo que pueden ser considerados como rasgos estigmáticos? [1].

¿Cuál es la imagen instalada?, ¿De qué hablan las letras de las canciones? ¿Hay un intento por legitimar esa situación a través de las letras?

Desde el espacio social que es originado este fenómeno, ¿Se puede considerar que exista una lucha por imponer sentido o sólo muere en la “reproducción de historias”?.

El consumo ha generado un proceso de mercantilización de estas historias contadas bajo esta forma. Las letras describen la exclusión social sin metáforas. ¿Se da una “naturalización” de esta condición narrada por medio de las letras? ¿Se vacía su contenido? ¿Qué pasa con los “otros” y los “nosotros” en cuanto al uso de este tipo de música?

Un buen punto de partida es la definición de popular. La misma es de carácter negativo, se recorta de todas aquellas cosas que no abarca. Es decir, lo popular se opone a la alta cultura, o a la cultura dominante. En consideración, la misma no puede sujetarse a un catálogo fijo, sino que está en constante cambio de acuerdo a las condiciones sociales y materiales de un determinado momento histórico.

Para Stuart Hall [2], la cultura popular, en un período dado, contempla las formas y actividades, cuyas raíces están en las condiciones sociales y materiales de determinadas clases y que hayan quedado incorporadas a tradiciones y prácticas populares. De esta forma, Hall reconoce que existe una relación de tensión entre cultura dominante y cultura popular. O sea, existe un proceso en el que se articulan las relaciones de dominación y subordinación y en el cual, algunas cosas son activamente marginadas para que otras ocupen su lugar. No hay clasificaciones estancas que sirvan para encasillar los contenidos de la cultura popular. Lo que da significado a un símbolo es el campo social en el que se incorpore y las prácticas con que se articule. Los símbolos van cambiando: el rebelde que hoy canta canciones populares, mañana aparece en la tapa de una revista de moda…

En nuestro país, el auge del fenómeno “cumbia villera” surge como una nueva forma de expresión de la realidad, de las clases marginadas de nuestra sociedad y también como un nuevo producto para colocar en el mercado.

Dicho fenómeno se ha incorporado a nuestra sociedad: “todos los argentinos de cualquier edad, clase social o situación económica conocen los hits de la cumbia villera que ha llegado a toda la sociedad, sin importar si pertenecen o no a las villas” [3]

Así mismo, el cantante de “Flor de Piedra”, Juan Carlos “Monito”, opina que la respuesta de la crítica frente a las letras de la cumbia villera, “son solo testimonios que hacemos (…) para los barrios de emergencia, que son las villas, son testimonios de la realidad de lo que pasa ahí, la alta sociedad ve que esta gente existe y no hacen nada por ellos. Nosotros reflejamos eso y queremos mandar un mensaje. (…) “Cantamos lo que nuestro publico necesita gritar. Pero lo más importante es que la gente además de sentirse identificada se divierte… “ [4]

Por otra parte, podemos decir que las realidades sociales son productos de un determinado uso lingüístico, son significados construidos mediante el lenguaje.

De esta manera, el lenguaje nunca es neutral. Impone una perspectiva, un punto de vista, sobre el mundo y sobre el uso de la mente respecto a ese mundo. La relación entre el hombre y la realidad social está mediatizada por el lenguaje, al igual que los sentidos y valores que se le asignan a esa situación. Incorporar un lenguaje es incorporar una cultura, con sus valores y formas de asignar significados.

Lo dicho hasta ahora presupone la existencia de un lenguaje, pero también la existencia de diferentes usos de esa lengua, algunos de los cuales son legítimos y otros estigmatizados.

Las diferentes estructuras sociales originan diferentes sistemas de habla, o códigos lingüísticos. Cuando un niño aprende a hablar, o sea, aprende los códigos específicos que regulan sus actos, aprende los requisitos de la estructura social. Asimismo, cada vez que el niño habla, o escucha, se refuerza la estructura social de la que él es parte y se restringe su identidad social.

En el caso de las letras de la cumbia villera se observa la marcada diferencia que existe entre la gente que pertenece y vive conforme a las pautas de la villa y la que se encuentra fuera de ese territorio. Se sabe que la mujer es “fácil”, que los políticos son corruptos, que la policía los reprime constantemente, que el Estado los olvida, que los “pibes afanan” por necesidad en algunos casos, reiterada alusión de las drogas y el alcohol como la mejor opción para “evadirse de la realidad”, para divertirse.

En las letras se describe el contexto social según los códigos de la “calle”, los códigos de la droga, la jerga delictiva, entre otros. Todo expresado en un lenguaje para nada rebuscado; pero que describe perfectamente cual es el ambiente en el que se vive, la realidad de las cosas, cómo las viven y las sienten:

“Con tan solo 15 años/ y 5 de alto ladrón/ con una caja de vino/ de su casilla salió/ fumando y tomando vino/ intenta darse valor/ para ganarse unos mangos/ con su cartel de ladrón/
pero una noche muy fría/ el tuvo un triste final/ porque acabo con su vida una bala policial/ y hoy en aquella esquina donde su cuerpo cayo/ hay una cruz de madera/ que recuerda al pibito ladrón”
[5].

En otras palabras, los códigos son, desde esta perspectiva, dispositivos de posicionamiento culturalmente determinados. Se presenta además como un principio regulador estructurado y estructurante. Estructurado, porque es generado por la división del trabajo y las relaciones de poder y relaciones de clase que existen en la sociedad; y estructurante porque un individuo al adquirirlo se apropia de la cosmovisión de la clase social a la que el código pertenece. Así, cada vez que el sujeto habla en un determinado código mantiene, reproduce y legitima la distribución de poder de la sociedad.

Otro autor como Bernstein [6], de alguna manera “pule” este concepto y afirma que dentro del mismo lenguaje existen diferentes códigos, con diferentes categorías, correspondientes a determinadas clases sociales y que un individuo, al adoptar un código específico, asume los valores inherentes a él, con lo que restringe y reafirma su identidad social.

De esta forma, cada texto es una forma de relación social hecha visible, palpable.

A modo de ejemplificación:

“… adonde están los fumancheros / levanten las manos, el que no es un cheto/ esta noche hay que festejar a los / chetos vamos a matar/ la locura es un placer que el loco/ conoce / eso un cheto lo desconoce… “ [7]

En relación con este subgénero musical a esta manifestación se la puede considerar como un termómetro del “estado de la moral”, en un país donde pierden hasta los que hacen lo correcto para estar en el sistema.

Pablo Lescano (creador de “Damas Gratis”, productor de “Yerba Brava” y “Supermerk2” entre otras) interpreta que la llegada de su música a “discos chetas” como “venganza de clase” [8]. Según él, cualquiera que haya participado de un casamiento, o una fiesta de 15 sabe a que hora llega el turno de “Damas gratis” y Cía.

Pablo Schanton [9] habla sobre este tipo de música como “El ruido de los olvidados” dentro del concepto presentado por el periodista mencionado cabe preguntar si, éste tipo de música es la de los marginados.

Es decir, éste fenómeno, se presenta como una “bandera de lucha” contra la violencia “de arriba”, la que se traduce en los altos índices de desocupación y en la desigualdad de oportunidades.

Bourdieu [10] dentro de su concepción teórica, agrega que siguen apareciendo dentro del territorio diferentes usos del lenguaje, cada uno de los cuales tiene diferente valor social. Estos diferentes usos tienen que ver con la pronunciación o formas gramaticales.

A los efectos del tema expuesto esto daría cuenta de lo escrito anteriormente:

…”pa´ que tomo porquería/ ya le eh quemado su jetsei/ (…)/ el mercede´ y las pastillas…” [11]

Identidad y contexto

Los líderes de estos grupos comparten al igual que sus seguidores el mismo

La promoción descarada del consumo de drogas ilegales es común en estos sujetos.

La promoción descarada del consumo de drogas ilegales es común en estos sujetos.

origen social, la misma cotidianeidad, por lo que es más fácil encontrar una identificación dentro de la estructura social. Altos índices de desocupación, desigualdad de oportunidades, marginación, exclusión, prejuicios.

Dentro de este contexto es fundamental destacar que tanto los lideres de la cumbia nacida en las villas, como los seguidores realizan una valoración positiva por ejemplo, de su estilo de vida, resignifican los rasgos negativos convirtiéndolos en elementos “distintivos” de su condición social. No solo hacen una defensa desde el uso del código, por medio de sus letras también lo hacen desde su lugar dentro de la estructura social; desde las marcas que los caracterizan, formas de vestir, (el estereotipo común seria: tatuajes, indumentaria deportiva, pañuelo sirio, etc…Por citar algunos rasgos), lugares que acostumbran frecuentar…

En Argentina está arraigada (en base a cierta representación social) una manera de percibir a los habitantes de la villa un tanto prejuiciosa, no sólo están al “margen” del sistema social, son “delincuentes”, “ignorantes”, “drogadictos”, “vagos”, “feos” “negros” y “sucios” [12]; como si esos calificativos fueran exclusivos de una clase social, o abarcasen a la totalidad de ese sector, solo por vivir en determinada zona de la ciudad.

La exclusión en la sociedad crea mundos donde emergen culturas alternativas, donde se vuelve a crear el lenguaje. En la cumbia villera se hacen “escuchables” los prejuicios sociales que pesan sobre la villa, por ejemplo:”El marginado”. “Yerba Brava” cuenta la historia de un joven a quien se le cierran las puertas en el baile por su color de piel y su origen villero:

…”Y ahora que esta mas grande/ y al baile se quiere colar/ el rati con bronca le gritan/”negro villa, vos no entras”. [13]

Así, la cultura es un proceso social total donde los hombres definen y configuran sus vidas. Hay procesos culturales que se dan en contextos desiguales a los del poder económico y político, generan modos de comunicación distintas, jergas propias que, marcan distancia. Se valoran unas formas y no otras. Las palabras que se elijan para referirse a algún hecho van a dar cuenta de la forma de concebir la dimensión de lo social.

Por eso es interesante tener presente que este fenómeno propio de las clases populares no se presenta de forma idéntica en todas las sociedades. En Comodoro Rivadavia [14] si bien comparte los rasgos más significativos, sobretodo en cuanto al ritmo (más que a las letras) y tienen en común hablar de la identificación de sus seguidores para con el grupo, no se presenta de forma tajante la diferencia entre los distintos grupos sociales. Al menos de forma explicita no se menciona nada acerca del “otro” como pueden ser los “chetos”. Y en este sentido, según las declaraciones de Cesar Díaz Cantante de “La Furiosa”; se induce que existe un público más heterogéneo:

“…por ahí nos sorprende que tenemos un público muy variado o sea tenemos gente que nos sigue o sea que son de barrio bajo de pocos recursos y que por ahí te dicen “mira, loco gaste la ultima moneda que tenia pero mira compre tu disco” o “tenia 6 mango y vine y me lo gaste acá en la entrada para (…)” bueno como te decía recién… eh… el publico de gente adinerada y gente de clase media, o sea abarcamos todas las clases sociales, que por ahí no tenemos problemas en ese sentido…” [15]

Tal vez la diferenciación se percibe cuando el cantante, determina que el hecho de hacer este tipo de música le permitió tener contacto con gente según él, adinerada:

…”hemos tocado en lugares donde nunca nos habíamos imaginado tocar, como bueno… hoteles importantes de la cuidad como es el hotel Lucania o el Austral hotel… bueno… justamente esta noche tenemos una actuación ahí y de repente esa fiesta estamos rodeados de gente muy adinerada y… y que alguien que cante los temas de nosotros no sentimos marginación por otra clase de gente…” [16]

En otro sentido, Bourdieu, siguiendo la lógica del capitalismo, resignifica palabras, como capital cultural, mercado lingüístico, valor, mercancía, oferta, demanda etc… Y distingue el mercado como el lugar donde se intercambian los bienes lingüísticos, es decir que hay un intercambio simbólico. Hay un mercado lingüístico cada vez que alguien produce un discurso dirigido a receptores capaces de evaluarlo, apreciarlo y darle un “precio”.

Aplicándolo al caso de la cumbia villera podemos mencionar que, las letras de las canciones de este estilo adquieren “cierto” valor en el “mercado” (lingüístico) de valores porque tienen una “demanda”, que está vinculada también con el hecho de que dicho fenómeno pasó a formar parte de la industria cultural. De este modo, la marginación se recubre con los “vestidos” del mercado. Es un espectáculo con letras que hablan de robos, gatillo fácil, razzias, prostitución, aguante, falopa y birra, genera discos de platino… en 4 meses “Yerba Brava” vendió 60.000 de “Corriendo la coneja”.

Recuperamos a Bourdieu porque su pensamiento nos sirve para analizar esta situación y coincidimos con él cuando establece que lo que también constituye un modo de conocer las clase o una fracción de ella es el barrio en el que viven sus miembros, la es-cuela a la que envían a sus hijos, los lugares a los que van de vacaciones, lo que comen y la manera en que lo comen y por supuesto la música que escuchan y el porqué la escuchan. Por lo que entonces, los rasgos lingüísticos nunca pueden estar separados del conjunto de propiedades sociales del locutor: postura, fisonomía, cosmética, vestido, etc. estilización (tanto en el lenguaje como en la forma de vestirse, los movimientos, las reacciones, etc.).

Por eso siguiendo desde esta perspectiva decimos que los cantantes de cumbia villera en su mayoría sostienen el mismo discurso, dicen cantar para que se vea que esa gente existe y hay pobreza en las villas, que hay necesidades, que no acusen con el dedo aun chico que a lo mejor robó porque no tenia para comer, esos reflejos se ven en nuestra música y la gente se identifica mucho en ese sentido.

Sin embargo, es poco pretenciosa en términos de transformación social.

Acordamos al igual que Grignon y Passeron [17], que hay que tener en cuenta que los diferentes grupos hacen diferentes elecciones de acuerdo a las posibilidades materiales, pero también de acuerdo a sus grupos y preferencias. Ellos también Rechazan la idea de que una cultura pueda dominar estrictamente a otra porque para ellos la cultura es ambivalente.

Por eso retomando a Bourdieu sostenemos que los diferentes modos de producción cultural se diferencian por la composición de sus públicos, por la naturaleza de sus obras producidas y por las ideologías políticos-estéticas que expresan.

Las diferentes clases coexisten dentro de la misma sociedad. Los mismos bienes materiales y simbólicos en muchos casos son consumidos por los diversos grupos sociales; la diferencia se establece, más que en los bienes que son apropiados en la manera de usarlos. Por eso dentro de este contexto, lo que para unos puede ser representativo y una manera de “denunciar” algo para otros puede ser solo unos minutos de ritmo pasatista.

No hay que olvidar que los mensajes son polisémicos y la decodificación de estos será distinta según se trate de las diferentes subculturas que conforman la sociedad. Por lo que la apropiación de la música será distinta. Por eso es cierto y concreto que existen preferencias musicales según las clases sociales e incluso no todas hacen el mismo uso, en el caso de ser “consumidas” de forma masiva

Sin embargo, lo que si nos parece acertado resaltar es que una sociedad que produce a los “unos” también produce a los “otros” y sus comportamientos con respectos al dinero, a la droga o al sexo son distintos, aunque unos los ejerzan en un barrio de la periferia y otros en lugares “top”.

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El "villero" siempre despotrica al Rock a la hora de defender su "ideología". En la foto, Iron Maiden a pleno.

En este orden de ideas Laclau [18] afirma que las identidades se definen en forma negativa: se construye en relación al otro, según la “lógica de la diferencia” (lo que el otro no tiene es lo que me hace diferente). De esta manera, la referencia al otro es claramente constitutiva de la propia identidad. En Comodoro Rivadavia, el “fenómeno” villero sólo se limita a reproducir el ritmo, las letras no mencionan de una manera tan cruda la realidad de las “villas”, si hablan de adicciones y sobretodo de sentimientos referidos al sexo opuesto, pero aún no existe una producción más comprometida respecto a la realidad de los barrios marginados de esta ciudad.

A su vez, para Vattimo [19], con la reivindicación de identidades diferenciales y el surgimiento y expansión de los MIM [20],al mostrar esas identidades, generan sobre ellas conocimientos que antes no existían; éstos trajeron como consecuencia un grado de con-ciencia nunca antes alcanzado, respecto a las diferencias entre distintas culturas.

Por eso es importante destacar en este caso que si alguna vez existió un intento de denuncia a través de las letras, quizás fue en un comienzo.

Para finalizar podemos decir que a lo largo del trabajo desarrollado se comprobó que sí existe una revalorización de la “condición estigmatizada”. Se invierte la imagen negativa o mejor dicho se resignifican los atributos y de algún modo se los positiviza.

Así por ejemplo desde las letras se “transforma” al pibe chorro en un pibe que salió a robar por necesidad, que él si va preso mientras que los “verdaderos ladrones”, en alusión a los políticos en general, a los poderosos, los que si tienen (según la óptica de los cantantes de cumbia villera).

No obstante en este caso, hoy el sistema de producción de mercancías también ha absorbido este “fenómeno” dentro de su propio circuito. En su mayoría las personas los consumen, o los “digieren” sin detenerse a hacer demasiado análisis o lo que es peor, se está “naturalizando” tanto la pobreza, el desempleo, la marginalidad, la exclusión que nos parece “moneda corriente”. Se vacía el contenido hasta el punto de que muchas veces nos transformamos en meros espectadores, cuando en realidad somos “actores” dentro de este contexto social en el que hoy nos toca vivir.

Desde el espacio social en donde es originado este fenómeno se reproducen historias. Pero estas historias no las cuenta sólo la cumbia villera, lo hace el rock, el tango, otros estilos musicales no sólo en Argentina ya que hay problemas que son universales.

Nosotros en tanto seres sociales, construimos la realidad a través del lenguaje, éste nunca será neutral porque impone un punto de vista y una relación con el mundo que nos rodea.

Entonces, si bien el panorama social está compuesto por cada vez más identidades fragmentadas cuyos estilos de vida son difundidos por los medios de comunicación. Estas nuevas identidades son constituidas en relación al otro. Por eso es fundamental desde nuestras individualidades generar una conciencia crítica de la realidad que nos transmiten los medios. Repensar qué es lo que nos están queriendo decir, ¿quién? ¿por qué?, ¿ Desde qué posición lo hace?, pero sobretodo para no transformarnos en “espectadores”; para que las historias que dicen dar a conocer no sólo los lideres de la cumbia villera sino los cantantes de tantos otros géneros no mueran al terminar los tres minutos a lo sumo cinco que dura la canción.

Notas

[1] Goffman Erving (1970), resignifica el concepto de estigma tomándolo como una marca identitaria; esta impone una diferencia pero de forma negativa. Así, las características sociales como la vestimenta, el código que se utiliza indicara a que sector social pertenece una persona.
[2] Hall, Stuart. “Notas sobre la reconstrucción de lo popular”
[3] Tomado de una entrevista hecha acerca de la construcción de la identidad villera.
[4] Tomado de una entrevista hecha acerca de la construcción de la identidad villera.
[5] Canción popular. Pibes chorros. “El pibito ladrón”
[6] Berstein, Basil.(1994)
[7] Canción popular. Damas Gratis. “El vago fu manchú”
[8] La construcción de la identidad villera.
[9] Suplemento “Ñ”. (23/02/04)
[10] Bourdieu las asocia con diferencias sociales de los locutores. Para el autor hay una relación entre los sistemas estructurados de diferencias lingüísticas y los sistemas estructura-dos de diferencias sociales. Así hay sistemas expresivos, ya constituidos y caracterizados por su posición en una jerarquía de estilos, que expresa la jerarquía de los diferentes grupos. Hablar es apropiarse de uno de estos sistemas expresivos que dejan sus huellas en quienes lo utilizan. (1985)
[11] Canción popular. Damas gratis “El supercheto”
[12] revista Debate, febrero 2004.
[13] Vera, Gonzalo (2003)
[14] Centrándonos en la entrevista realizada el 30/10/04 a Cesar Díaz, cantante de la banda ” La furiosa”. Ellos hacen cumbia villera.
[15] Extracto de la entrevista realizada el 30/10/04 a Cesar Díaz, cantante de la banda “La furiosa”.
[16] Extracto de la entrevista realizada el 30/10/04 a Cesar Díaz, cantante de “La furiosa”
[17] Grignon y Passeron: Lo culto y lo popular. Miserabilismo y populismo. (1991)
[18] Laclau, Ernesto: Sujeto de la política y política del sujeto. (1996)
[19] Vattimo, Gianni: La sociedad transparente. (1990)
[20] MIM: medios de información masiva.

Bibliografía

  • Revista Debate, “los códigos de la cumbia villera. Feos sucios y malos”, febrero 2004.
  • Revista de cultura “Ñ”, Diario Clarín, “piquetes de sábado por la noche”, febrero 2004.
  • Goffman, Erving. “Estigma. La identidad deteriorada”. Bs. As, Amor-rortu, 1970.
  • Hall, Stuart. Notas sobre la reconstrucción de lo popular.
    Laclau, Ernesto, “Sujeto de la política y política del sujeto en emancipación y diferencia”. Bs. As. Ariel, 1996.
  • Vattimo, Giani. “La sociedad transparente”. Barcelona, Paidós, 1990.
    Grignon Claude y Passeron Jean Claude. “Lo culto y lo popular.
  • Miserabilismo y populismo en sociología y literatura”. Bs. As. Nueva Visión, 1991.
  • Bourdieu, Pierre. “¿Qué significa hablar? Economía de los intercambios lingüísticos”. Madrid, Akal, 1985.
  • Berstein, Basil. “Códigos, modalidades y el proceso de reproducción cultural: un modelo en La estructura del discurso pedagógico”. (Clases, código y control. Volumen IV), Madrid, Morata, 1994.
  • Berstein Basil. “Códigos amplios y restringidos: sus origines sociales y algunas consecuencias”.
  • Ervin- Trip. “Un análisis de la interacción de la lengua, tema y oyente”.
  • Vera, Gonzalo, “Cumbia villera: la construcción de una identidad para la resistencia”.
  • Sandoval, Luis. “Comunicación e identidad social. Apuntes sobre Lavov, Bruner, Berstein y Bourdieu”. Modos de la Comunicación Social, 2004.
  • Sandoval, Luis. “El representacionalismo y mas allá, apuntes sobre filosofía del lenguaje y comunicación”. Modos de la Comunicación Social, 2004.
  • Sarlo, Beatriz. “Escenas de la vida posmoderna. Intelectuales, arte y videocultura en la Argentina”, Bs. As., Ariel, 2001.
  • Raiter, Alejandro y Cía. “Representaciones sociales”. Eudeba, 2002.

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