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Sigmund Freud: “Gobernar es una tarea imposible”

Me pareció muy interesante este artículo del blog que tiene en el diario MinutoUno.com la gente de la Fundación Buenos Aires. espero lo disfruten en todo este contexto eleccionario y partidista que padecemos todos los que vemos un poco más allá de los discursos falaces de nuestros gobernantes.

A los ciudadanos nos cuesta a veces acercarnos a ese campo difuso y poco comprensible que constituye la política.

La política y los políticos -mucho más en estos tiempos de elecciones- dan la imagen de  una impostura, en la que los ideales y los objetivos que son deseables para una sociedad, y que deberían definir el curso de las elecciones, se diluyen en una sucesión de imágenes, en intercambios de palabras vacías -siempre regulados por los grandes medios-, en una especie de guerra simbólica de todos contra todos.

Más allá de la responsabilidad de quienes ejercen el oficio de políticos en las sensaciones ciudadanas, vamos a mencionar algunos puntos que tienen relación con rasgos que caracterizarían las subjetividades políticas y lo político.

Los sujetos no tienen una esencia, es decir, alguien no se transforma en político,  sino en el seno de una sociedad y de ciertas prácticas y discursos que definen –entre otras cosas- lo que se espera y lo que no se espera de un político.

Los discursos, como los sujetos, también son históricos, están sujetos a cambios, y como fundamento de la política, explica en parte que esta misma esté en un proceso de transformación continua. No es lo mismo la política en tiempos de crisis y la de tiempos de bonanza, aunque ésta sea imaginaria. No es lo mismo el discurso político que aceptábamos como válido en los años noventa que el que aceptamos como válido en el 2009. Sin embargo, cuando escribo “discurso” en singular me sobreviene una duda: ¿existe alguna posibilidad de sintetizar la gran diversidad de expectativas sociales acerca de lo que es hacer política, y acerca de lo que se espera de los sujetos políticos?

¿No es la oposición permanente de los discursos –sobre lo que sería conveniente o no para una sociedad-, una característica propia de la política?

¿Existe en realidad, un consenso acerca de lo que la sociedad desea para sí? ¿Estamos en posibilidades de afirmar que queremos una sociedad que distribuya el ingreso, que exija a todos de acuerdo a sus posibilidades, que sea solidaria con quienes menos tienen, que promueva el cuidado de unos hacia otros? Y aunque lo estuviéramos, ya que se trata de principios generales con los que todos podríamos comulgar en mayor o menor medida, ¿estamos dispuestos a aceptar las medidas que implicaría la realización de cada objetivo para cada uno de nosotros?

En estos tiempos, aceptamos una política basada en la imagen, en la publicidad, en unos pocos slogans, tan solo algunos significantes, con los que nos sentimos convocados, sin que busquemos profundizar en su sentido o significación. Es el único elemento sobre el que se podría decir que hay consenso, el de la imagen.

Y cuando se pretende imponer una visión de la política y la sociedad, automáticamente se tiende a definir el comportamiento como autoritario o violento. Y es que siempre la asunción de una visión del mundo implica a un nosotros que asume la representación del todos, pero que resulta paradójicamente excluyente.

El nosotros incluye irremediablemente a unos y excluye a otros, no podría ser de otra manera. Porque al existir un nombre, una pertenencia, una identidad que convoque a un grupo de seres humanos –y la política no podría existir sin alguna forma de agrupación y de pertenencia que proporciona la idea de unidad- siempre alguien debe quedar afuera, y ese alguien se transforma en enemigo.

No podría existir entonces una identidad política que fuera universal, es decir, un nosotros para todos, que incluyera todas las diferencias existentes. Un nosotros todos llevaría a conformar nuevas afinidades, neutralizaría de alguna manera las diferencias, y no permitiría  emerger a ninguna de manera consistente. En ella se diluirían los distintos intereses y valores que constituyen el capital político de la sociedad y emergerían de todas maneras los conflictos.

Por eso el sectarismo y ciertas formas, aunque más no sean simbólicas, de violencia son parte de la lógica que constituye a la política, porque, siguiendo las palabras del filósofo Schmitt, ella se funda sobre la distinción entre amigos y enemigos. Incluso el Estado, que se pretende neutral y abarcador de todas las diferencias –sociales, económicas, éticas, culturales- no puede sustraerse a lo real que emerge de los antagonismos entre los sujetos y los grupos que lo conforman.

Articular las diferencias y a la vez representar los intereses de todos, parece ser una tarea titánica si la política conserva sus características esenciales, la de contener las semejanzas y diferencias de los sujetos y los grupos. A algo de esto se referiría Freud cuando decía que gobernar era una tarea imposible.

Lic. Marcia Maluf, de la Fundación Buenos Aires

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La Pedagogía del Caos

Extraído de la web oficial de la doctora Esther Díaz

El primer principio de la termodinámica postula que la energía total del universo se mantiene constante, no se crea ni se destruye, se transforma. Pero el segundo principio estipula que si bien la energía se mantiene constante, está afectada de entropía. Es decir, tiende a la degradación, a la incomunicación, al desorden. La enunciación del principio de entropía conmocionó a una ciencia que tenía como uno de sus principales bastiones la capacidad de predecir de manera determinista. Y, tan pronto como se conoció la tendencia al caos, se pensó en la autoaniquilación del universo. No obstante, existen posturas científico-epistemológicas optimistas, porque el caos no implica necesariamente la destrucción definitiva del sistema  afectado. Del caos puede también surgir el orden. Mejor dicho, un nuevo orden.

Ilia Prigogine, Premio Nobel de Química 1977, considera que se pueden esperar nuevos equilibrios surgidos de situaciones críticas, caóticas o que tienden a la incomunicación. Prigogine llega a esta conclusión a partir de sus estudios sobre estructuras disipativas. Se trata de sistemas altamente desordenados en los cuales la conducta imprevisible de un elemento del conjunto puede conducir a una reestructuración armónica. Estos sistemas de reintegración de fuerzas han sido estudiados, entre otras disciplinas,  en la física, la química, la informática, la biología y las ciencias sociales.

Pensemos una situación de crisis como la que se vivía en la decadencia del Imperio Romano. En medio de terribles fluctuaciones sociales comenzó a cobrar volumen una de las tantas sectas orientales que circulaban por el Imperio. Entre las escuálidas ruinas de un mundo que se derrumbaba surgieron tímidos brotes de subjetividades renovadas. La secta cristiana, una más de las tantas que pululaban entonces, se propagó de manera subterránea. No obstante, para la caída del Imperio, los cristianos contaban con una organización que les permitió constituirse en una fuerza de magnitud insospechada. Lo que se inició como dispersión, logró imponerse a las inveteradas costumbres romanas. Estamos frente a un caso de legalidad surgida de células sociales aparentemente incomunicadas entre sí.

Las estructuras disipativas abren una posibilidades de nuevas lecturas sobre la pedagogía. Pues, cambiando lo que hay que cambiar, también en los procesos educativos se producen situaciones que amenazan con ser caóticas. Pero que contienen entre sus propios elementos las condiciones de posibilidad para un cambio positivo. Ovbiamente, que una propuesta de este tipo implica un cambio de perspectiva respecto de la manera tradicional de pensar la educación. Pero tal vez también en esto convendría escuchar a Prigogine. Quien asegura que si revirtió los conceptos clásicos de la ciencia, no fue porque se lo haya propuesto a priori, sino porque estudiando el devenir de diferentes procesos, llegó a la conclusión que no siempre los procesos irreversibles conducen a un camino sin salida; que no se puedan revertir no necesariamente implica que se agoten. Pueden surgir nuevas posibilidades. O, dicho de otra manera, nuevas oportunidades.

En otras épocas se sostenía que la pedagogía debía conducir a la perfección del ser humano. En plena época tecnológica y digital, esos valores evidentemente están siendo descartados. Hoy el ideal del “hombre ilustrado” le está dejando su lugar al ideal de la capacidad de aprender. Antes el conocimiento se acumulaba, ahora se descarta. Mejor dicho, se aprenden cosas que en poco tiempo dejan de tener vigencia. Por ejemplo, los programas de computación que “envejecen” tan pronto como se los comienzan a manejar con cierta soltura. Se trata entonces de estar abiertos a nuevas capacidades e informaciones, más que a la adquisición definitiva de los conocimientos.

 El paradigma del mundo como un gran texto que debe ser leído de manera lineal, siguiendo una cadena de causas y efectos, se desvanece en favor de la realidad como un hipertexto con varias entradas. Actualmente, el mundo de los argumentos debe compartir espacios con  las imágenes. La pantalla convive con el libro; la escritura con el mundo de las imágenes; y la concisa realidad cotidiana con la sugerente realidad virtual. Es verdad que la actual intoxicación de información trae aparejados varios incovenientes, pero no deja de aportar sus ventajas. Es un inconveniente, por ejemplo, la “desaparición del tiempo”. La mayoría de los contemporáneos activos nos quejamos por la falta de tiempo. La simultaneidad informática y mediática nos obliga a reacciones instantáneas y nos aleja de la reflexión. Además, la desaparición de las distancias y el surgimiento de comunicaciones compulsivas nos incitan a integrarnos a diferentes redes informáticas (E-mail, Internet, fax, sumados a las comunicaciones ya tradicionales como el correo, el telégrafo y el teléfono). 

 Las formas humanísticas de la meditación y la crítica han entrado en crisis. Pero la crisis no necesariamente desemboca en caminos sin salida. Nos estamos enfrentando con desafíos pedagógicos  desconocidos hasta el presente. Indignarse por lo que una época histórica dejó detrás puede ser legítimo. Pero no ayuda a recuperar lo perdido, ni ayuda tampoco a interactuar con las nuevas formaciones culturales. La reflexión pedagógica no puede, o no debe, prescindir de las realidades actuales. Nuestro presente ha generado una episteme polifacética. Los territorios de cada disciplina de estudio ya no están determinados de manera férrea. Los márgenes epistemológicos de las distintas ciencias se flexibilizan y sus corpus se hacen más complejos.

Por otra parte, en ética se asiste a una pluralidad de códigos. Cada vez se presta más atención al respeto por la diferencias y a la posibilidad de aceptar (al menos en teoría) las posturas ajenas por disímiles que sean a las propias. Las actuales prácticas sociales, científicas y morales le exigen a la pedagogía teorías acordes con la época que nos tocó vivir. La consideración del conocimiento y de las subjetividades como construcciones históricas no puede dejar de lado la incidencia del azar y de la libertad. Tampoco la posibilidad de las crisis o del caos. Hemos arribado al fin de las certidumbres. La naturaleza y el ser humano distan mucho de ser previsibles. Pero ello no impide estudiarlos ni conocerlos. Exige, más bien, tratar de comprenderlos no ya como objetos de estudio, sino como sujetos de diálogo. Estamos en el umbral de un nuevo capítulo de la historia de la pedagogía. Nuestro desafío, entonces, es pensar, discutir y construir esta disciplina científica en continuo proceso de cambio: una pedagogía de lo previsible, pero también del devenir – en última instancia – una pedagogía del presente que no reniega del pasado pero que apuesta al futuro.

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Lavado de Cerebro

En este nuevo post presento este video de una serie española llamada “Redes” que aborda la temática humanista, especialmente de la Psicología. Aquí hablaremos del proceso de “Lavado de Cerebro”, muy común en ámbitos de las sectas y algunos políticos mesiánicos. Saludos…

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Estados psicóticos agudos. Consideraciones teóricas.

Esquema del enfoque cognitivo (Beck)

Esquema del enfoque cognitivo (Beck)

La psicosis aguda como señala Hyman (1992) no es un diagnóstico psiquiátrico sino un síndrome clínico caracterizado por los típicos síntomas psicóticos de los delirios, alucinaciones y trastornos del pensamiento. Además incluyen insomnio, agitación psicomotriz, hiperactividad y desequilibrios afectivos. Este síndrome puede estar causado por diferentes enfermedades físicas, causas tóxicas o ser una manifestación aguda de otros trastornos psiquiátricos como los trastornos afectivos, la esquizofrenia y otros.

     Es conocido el desarrollo de nuevas terapias cognitivas-conductuales para la esquizofrenia con síntomas defectuales (p.e Liberman, 1995; Perris, 1994, Brenner, 1992). Menos conocido, y más novedosa es la nueva terapia cognitiva para lo síntomas positivos (los delirios y alucinaciones con más frecuencia) de la esquizofrenia y otras psicosis. La escuela inglesa de terapia cognitiva ha desarrollado nuevos métodos, basados en la terapia cognitiva de Beck y otras terapias cognitivas-conductuales para el abordaje de los síntomas positivos de las psicosis esquizofrénicas (Chadwick, Birchwood y Tarrier, 1996). Nosotros vemos adaptables estas estrategias a la P.C.U.

     El enfoque cognitivo de las alucinaciones y de las ideas delirantes, a diferencia del enfoque biológico y fenomenológico tradicional de la psiquiatría, supone que las respuestas emocionales y conductuales del sujeto psicótico no están en función de los contenidos de las alucinaciones y delirios, sino más bien en función de las creencias sobre el poder y autoría de las voces alucinatórias y los delirios. La actividad delirante y alucinatória pueden estar regulada o derivar de alteraciones bioquímicas o neurofisiológicas, al menos en gran parte. En este punto se está dé acuerdo con las teorías biológicas; pero hace falta además que esos fenómenos sean interpretados por el sujeto que la vivencia para producir unas conductas y emociones específicas.

     La conceptualización de los delirios de la terapia cognitiva difiere de la concepción fenomenológica psiquiátrica tradicional: en el enfoque tradicional las ideas delirantes se definen como creencias falsas, en el cognitivo pueden ser ciertas aunque no adaptativas (p.e los celos). En el tradicional se basan en inferencias incorrectas en el cognitivo son mas bien un intento de explicar una experiencia anormal. En el tradicional son irrebatibles e irrefutables lógica y empíricamente, en el cognitivo pueden variar en su grado de convicción. En el tradicional tienen un contenido extraño o infrecuente, en el cognitivo hay diferencias en cuento a su relación con el contexto cultural. En el tradicional son creencias distintas a las creencias normales, en el cognitivo se ponen en un continuo dimensional con las creencias normales

DIEZ FACTORES ESPECÍFICOS DE LA P.C.U EN PACIENTES CON ESTADOS PSICÓTICO AGUDOS

1.Evalúe las dimensiones de las creencias subjetivas en las alucinaciones y los delirios
2.Evalúe los estados afectivos asociados al síndrome de psicosis aguda
3.Evalúe los síntomas físicos y mentales asociados
4.Evalúe los estresores psicosociales precipitantes
5.Evalúe las estrategias cognitivas-conductuales de afrontamiento del sujeto
6.Use la terapia cognitiva no confrontadora
7.Maneje los estados afectivos asociados
8.Maneje las enfermedades y toxicomanías etiológicas asociadas
9.Trabaje con los niveles de emoción expresada en la familia
10.Incremente las habilidades de afrontamiento de síntomas

 1.Evalúe las dimensiones de las creencias subjetivas en las alucinaciones y los delirios

     Los sujetos con experiencias alucinatorias y delirantes suelen creer que sus voces y delirios son muy poderosos y omnipotentes. Atribuyen sus conductas a estas experiencias, son incapaces de influir sobre su aparición/desaparición, tienen la impresión de que las voces conocen su historia pasada y las consideran malévolas/benévolas en sus intenciones. Las respuestas conductuales y emocionales del sujeto a estas experiencias por lo general se agrupan en: (1)Resistencia (intentan combatir y oponerse a las mismas), (2)Indiferencia (no se implican con la voz o delirio) y (3) Compromiso (cooperan con las voces y delirios).

     Chadwick, Birchwood y Trower han creado un cuestionario para medir las creencias sobre las voces: “Cuestionario de creencias sobre las voces” (BAVQ, 1996). Con el mismo se pretende identificar los significados otorgados a las alucinaciones auditivas. El cuestionario recoge aspectos como las creencias de omnipotencia, malevolencia y obediencia a las voces. Es útil para diseñar el área de intervención cognitiva con las alucinaciones.

2.Evalúe los estados afectivos asociados al síndrome de psicosis agudas

     Es importante determinar si el síndrome psicótico agudo es un estado evolutivo o una recidiva de un trastorno afectivo como el trastorno bipolar, la depresión mayor o el trastorno esquizoafectivo. En la fase maniaca del trastorno bipolar el sujeto presenta también otros síntomas típicos (fuga de ideas, animo eufórico o irritable, etc.) e historia anterior de episodios maniacos o depresivos anteriores.

     Los pacientes depresivos graves pueden presentar junto a su tristeza estados irritables y paranoides, así como historia anterior de episodios de trastorno afectivo. Los pacientes esquizoafectivos presentan una mezcla de síntomas afectivos y psicóticos similares a los esquizofrénicos.

3. Evalúe los síntomas físicos y mentales asociados

     La esquizofrenia puede presentarse como una psicosis aguda, con síntomas positivos como las alucinaciones y los delirios. Es frecuente que las exacerbaciones agudas de la esquizofrenia estén producidas por el incumplimiento de la toma de medicación o el abuso de drogas. El trastorno esquizofreniforme también puede presentarse como psicosis aguda. En este caso los síntomas previos tienen una duración menor a 6 meses. La psicosis reactiva breve suele presentarse como una psicosis aguda con síntomas extraños y de carácter histriónico, que suelen ser una respuesta a estresores psicosociales recientes.

     Las psicosis agudas pueden ser también inducidas por drogas como los alucinógenos, la cocaína, las anfetaminas, la abstinencia de alcohol-drogas y otras.
Por último diversos trastornos médicos y neurológicos pueden inducir psicosis agudas.
La evaluación de los aspectos médicos, neurológicos y psiquiátricos es necesaria en todos los casos de psicosis aguda.

4. Evalúe los estresores psicosociales precipitantes

     La evaluación de los factores psicosociales de las psicosis de forma detallada escapa al formato de la P.C.U y pertenece a terapias más largas centradas en la rehabilitación. En el enfoque P.C.U sé evalúan los factores estresantes psicosociales que han actuado como precipitantes del episodio agudo. Este puede pertenecer aun aspecto de la llamada “emoción expresada” como la falta de comprensión de la familia de la enfermedad en curso con el consiguiente mal seguimiento de las prescipciones médicas o tratamientos y/o la existencia de conflictos familiares que generan estrés al paciente, la falta de apoyos o actividades sociales en momentos de crisis.
La entrevista familiar o con los allegados debe de tener en cuenta los puntos reseñados.

5. Evalúe las estrategias cognitivas-conductuales de afrontamiento del sujeto

     Los pacientes psicóticos suelen intentar controlar el curso de sus síntomas positivos con acciones internas, cognitivas (p.e pensar en otras cosas) y abiertas, conductuales (p.e salir de la casa). Es importante determinar los intentos del paciente para reducir la ansiedad y el malestar producido por sus síntomas activos y su grado de éxito. Ello nos permitirá conocer los propios recursos del paciente y las áreas de afrontamiento de síntomas deficitarias. El terapeuta preguntará al paciente que hace o intenta pensar para reducir la ansiedad que le genera por ejemplo sus voces, y el grado de efectividad de las mismas.

6. Use la terapia cognitiva no confrontadora

     El objetivo de las intervenciones cognitivas con las voces es reducir las creencias de omnipotencia, malevolencia y obediencia a las mismas. Una vez que el terapeuta ha evaluado sus dimensiones (p.e con el BAVQ, 1996-existe versión castellana) intenta facilitar el compromiso del paciente en la terapia a través de la anticipación de las respuestas del paciente a sus voces, la explicación del trabajo con otros pacientes a la terapia (se puede presentar videos) y la libertad de dejar la terapia cuando desee. Posteriormente conceptualiza con el paciente que las respuestas que tiene a las voces dependen de sus creencias sobre las mismas. La tercera fase tras la facilitación del compromiso en la terapia y la conceptualización para el paciente del problema de las voces es la intervención con las mismas. Básicamente sé reúnen evidencias en contra de las creencias sobre las voces (no sobre las voces mismas). También se trabaja con la reatribución de las creencias en las voces en función de la historia personal del sujeto. Se dedica un tiempo a que el sujeto relate su historia personal; poniendo las creencias en las voces en relación con ella. El descontrol de las voces se intenta manejar mediante el manejo empírico en vivo como prueba de realidad: el método de la “verbalización concurrente” donde el sujeto escucha las voces por un oído y otra grabación distractora por la otra puede ser usado. Se entrena al sujeto a avivar y después reducir las voces como prueba completa.

     Respecto a los delirios el terapeuta evita la confrontación directa de sus ideas delirantes evitando decirle que están equivocadas. El terapeuta evita las etiquetas con el paciente de delirio, esquizofrenia, psicosis, etc. Le expone que sus ideas son posibles interpretaciones a los hechos vividos, aunque quizás no las únicas posibles. Posteriormente le expone los efectos de sus creencias sobre su conducta y emociones. El tercer paso, ya de intervención, se basa en buscar las inconsistencias lógicas de las ideas del paciente, jerarquizar los aspectos más refutables de sus creencias, y ofrecerle explicaciones alternativas y/o expone experimentos personales para desconfirmarla, cercionandose el terapeuta antes del éxito de estos.

     Aunque el tratamiento de primera línea de los casos de psicosis aguda se basan en la medicación psicofarmacológica o el abordaje de la etiología médica según los casos; es cierto que en algunos casos la sintomatología psicótica aguda no remite lo suficiente con la medicación ya sea por que no se siguen las prescripciones o por que no es efectiva por sí sola. En estos casos puede estar justificada la intervención cognitiva.

7. Maneje los estados afectivos asociados

     Los síntomas psicóticos activos relacionados con trastornos afectivos (trastorno bipolar, depresión mayor, etc.) suelen requerir del empleo de medicación neuroléptica y otros psicofármacos. Una vez remitidos estos síntomas, o paralelamente si es necesario, se emplean otros fármacos para reducir los síntomas del curso del trastorno, como el litio o los antidepresivos. La P.C.U y otras terapias cognitivas-conductuales pueden ser estrategias complementarías en estos casos (ver capítulos 7 y 8).

8. Maneje las enfermedades y toxicomanías etiológicas asociadas

     Dado que ciertos estados psicóticos agudos se relacionan con enfermedades psiquiátricas, médicas y toxicomanías, para su remisión es prioritario tratar la etiología implicada. Los psicofármacos están indicados en todos los casos para reducir o eliminar la sintomatología aguda. El tratamiento de las enfermedades o toxicidad también es necesario en el caso de causa médica o tóxica del cuadro. En estos últimos casos se hace necesaria la colaboración de los servicios de psiquiatría y medicina interna.

     El psicólogo clínico puede abordar junto con los profesionales anteriores las áreas de significado personal de los síntomas, el seguimiento de las prescripciones, la orientación ante los problemas relacionales y la preparación del paciente para el afrontamiento de los síntomas residuales activos.

9. Trabaje con los niveles de emoción expresada en la familia

     Un alto nivel de “emoción expresada” (comunicación hostil y descalificadora) en el seno de la familia del paciente se relaciona con un mayor nivel de recaídas e ingresos en los pacientes psicóticos. El terapeuta en la P.C.U puede orientar a los familiares a como comunicarse con el paciente con un estilo más neutral y centrado en la resolución de problemas. El terapeuta puede modelar y usar el rol-playing como demostración con los familiares. También puede orientar a estos a formatos de terapia más larga centrada en la psicoeducación del abordaje de la psicosis.

10. Incremente las habilidades de afrontamiento de síntomas

     El terapeuta elige en colaboración con el paciente los síntomas o las consecuencias de los mismos que se desea reducir. Se proponen varia estrategias que se ensañan paso a paso en consulta (de manera similar con frecuencia a la inoculación al estrés), y en la misma consulta se simula su aplicación (p.e el terapeuta repite las voces alucinatórias, y el paciente se relaja y sé autoinstruye en autocontrol, reatribución o distracción cognitiva). El paciente evalúa la efectividad del ensayo (p.e escala de 0-10). Ambos proponen su aplicación y registro como tarea entre sesiones. A la vuelta, en la próxima sesión sé evalúa sus efectos y se pulen las carencias habidas en su aplicación real. Birchwood y Tarrier (1995) han propuesto una clasificación de las estrategias de afrontamiento que pueden ser empleada con sujetos psicóticos para el automanejo de sus síntomas. De manera resumida, estas estrategias comprenden: (1) Estrategias cognitivas (desviación de la atención, restricción de la atención, autoafirmacion verbal de autodireccion o reatribución), (2) Estrategias conductuales (aumentar los niveles de actividad, aumentar la actividad social, reducir la actividad social, comprobación de la realidad), (3) Estrategias sensoriales (p.e escucha dicótica) y (4) Estrategias fisiológicas (control de la respiración, relajación, etc.)

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Los fans de música clásica y los del heavy metal se parecen mucho

Black Sabbath, la banda pionera de uno de los géneros más alucinantes de la música universal: el Heavy Metal

Black Sabbath, la banda pionera de uno de los géneros más alucinantes de la música universal: el Heavy Metal

Como los melómanos a la música clásica, los del metal son creativos y se sienten a gusto, señala el estudio realizado durante los últimos tres años por Adrian North, profesor de psicología de la Universidad Heriot-Watt de Edimburgo.

Los admiradores del heavy metal comparten “un amor por la magnificencia”, que los predispone a apreciar de la misma manera algunas obras de música clásica. “Aparte de las diferencias de edad, es fundamentalmente el mismo tipo de personas”, asegura el profesor North. “Muchos seguidores de heavy metal le dirán que también les gusta Wagner porque es grandioso, ruidoso y exuberante”.

Asimismo, el estudio demuestra que al contrario de las ideas recibidas, los aficionados al heavy metal tienen un temperamento afable, no son los más vehementes en el trabajo y les falta confianza en ellos mismos. Al revés que los admiradores de música clásica, que tienen una buena opinión sobre ellos mismos, explica el estudio. “El público siempre ha estereotipado a los amantes del heavy metal como deprimidos y suicidas, como un peligro para la sociedad y para sí mismos. Sin embargo son personas muy delicadas”, nota Adrian North.

Según el estudio, los apasionados por el country son trabajadores, los

Johann Sebastian Bach, una gran influencia y un genio...

Johann Sebastian Bach, una gran influencia y un genio...

admiradores de rap son sociables, y los de jazz tienen espíritu de innovación y una gran autoestima. “Nosotros siempre habíamos sospechado que existía un vínculo entre los gustos musicales y la personalidad”, explicó North. “Esta es la primera vez que hemos sido capaces de observarlo en detalle. Nadie había realizado antes un estudio a esta escala”.

Más de 36.000 personas en todo el mundo fueron interrogadas para este estudio, donde opinaron sobre 104 estilos musicales y respondieron a preguntas sobre su personalidad.

P.D.: El autor y compilador de este blog adhiere a esta idea.  Las investigaciones acerca de la relación entre los gustos musicales y los perfiles de personalidad son una realidad en nuestra sociedad moderna. ¡¡Viva el Heavy Metal!!

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Foucault: La Sociedad Disciplinaria / El Panóptico

Michel Foucault

Michel Foucault

Es la historia de las ciencias sociales una de las principales preocupaciones de su obra que podría ser incluída dentro del estructuralismo francés. Sostiene que la historia no debe interpretarse de modo superficial, sino que es preciso realizar un análisis más profundo. Su pensamiento tradicionalmente se ha dividido en tres fases: la etapa arqueológica (entre 1961 y 1969), la etapa genealógica y la última fase marcada por las tecnologías del yo. En cada una de ellas varía el método de análisis utilizado.

La sociedad disciplinaria

Foucault sitúa a la Europa de finales del siglo XVIII y principios del XIX como el momento fundacional de una nueva sociedad, la disciplinaria. Si bien, la disciplina se convierte en la forma más difundida de dominación, con anterioridad, existían otras formas de ejercicio de la misma:

La esclavitud: instalada en sobre una relación de apropiación de los cuerpos.

La domesticidad: fundada a partir de una relación de dominación “constante, global, masiva, no analítica, ilimitada y establecida bajo la forma de la voluntad singular del amo, de su capricho”.

– La del Vasallaje: a través de una relación de sumisión en extremo codificada “que atañe menos a las operaciones del cuerpo que a los productos del trabajo y a las marcas rituales del vasallaje”.

– La del ascetismo o las de tipo monástico: que se conforman para garantizar privaciones y aunque implica la obediencia a otros su objetivo es el de aumentar el dominio de cada cual sobre su propio cuerpo.

El nacimiento de la disciplina, del arte del cuerpo, forma un vínculo que en el mismo mecanismo, lo hace tanto más obediente cuanto más útil, y al revés. La disciplina fabrica así cuerpos sometidos y ejercitados, cuerpos “dóciles”. La disciplina aumenta las fuerzas del cuerpo (en términos de utilidad) y disminuye esas fuerzas (en términos políticos de obediencia). En una palabra: disocia el poder del cuerpo; de una parte, hace de este poder una “aptitud”, una “capacidad” que trata de aumentar, y cambia por otra parte la energía, la potencia que de ello podría resultar, y la convierte en una relación de sujeción estricta. Si la explotación económica separa la fuerza y el producto del trabajo, digamos que la coerción disciplinaria establece en el cuerpo el vínculo de coacción entre una actitud aumentada, una dominación acrecentada.

El poder disciplinario de los tiempos modernos inaugura un castigo silencioso que opera con la finalidad de producir cuerpos domesticados. Esta nueva tecnología de poder obedece una causalidad múltiple. Una economía potenciada por el crecimiento de las fuerzas productivas y el incremento demográfico del siglo XVIII plantearon al viejo continente un doble problema: el ilegalismo de los cuerpos se traslada hacia los bienes (delincuencia) e irrumpe la amenaza de la pérdida del control de las viejas técnicas penales de encauzamiento.

El pasaje del castigo del Antiguo Régimen al del orden Burgués no constituye un sistema humanitario más punitivo sino una tecnología acorde con los nuevos requerimientos, una justicia capilar que penetrará hasta los últimos resquicios del cuerpo social. Lo que se perfila es sin duda menos un respeto nuevo a la humanidad de los condenados… que una tendencia a una justicia más sútil y más fina, a una división en zonas más estrechas del cuerpo social.

El proceso de ordenamiento de las sociedades llevó a la reforma y la reorganización del sistema judicial y penal que instauró el pasaje de la indagación, procedimiento por el cual se trataba de saber lo ocurrido, por uno totalmente distinto, no se trata de reconstruir un acontecimiento sino algo, o mejor dicho, se trata de vigilar sin interrupción y totalmente.

En el seno de estas transformaciones surgirá la prisión sustituyendo otras formas de castigo – la deportación (expulsión de las personas, exilio), los mecanismos para provocar escándalos, vergüenza y humillación, el trabajo forzado (como forma de reparación del orden social) y la pena del Talión- dotada de la función de impedir que el delito se repita y de bloquear la reiteración de los delincuentes mediante el objetivo confesado de corregir al penado. Pero, el éxito de la prisión no se instala en estos objetivos explícitos sino en la puesta en marcha de una tecnología eficaz de poder, las disciplinas: “conjunto de técnicas de control corporal que apuntan a una cuadriculación del espacio y del tiempo buscado, con la mayor economía, reducir la fuerza del cuerpo en tanto fuerza política y maximizarla como fuerza económica. De allí en más, un espacio analítico, celular y aun colmenar permitirá, dentro de una sociedad compleja y confusa, ubicar, clasificar y, por fin, vigilar y castigar, es decir, la disciplina es una economía política del detalle que produce “individuos” y hace de esta producción individualizante un método de dominación.

La “delincuencia”, objeto producido por las relaciones de poder-saber de la prisión, permiten producir a un individuo patologizado y moralmente devaluado, puesto que obturó el deseo de los sectores populares de delinquir.

El panóptico

Jeremías Bentham, plasma este modelo de vigilancia social construyendo

Panóptico

Panóptico

esta idea a partir de una metáfora de la sociedad que la denomina Panóptico, “forma arquitectónica que permite un tipo de poder del espíritu sobre el espíritu, una especie de institución que vale tanto para las escuelas como para los hospitales, las prisiones, los reformatorios, los hospicios o las fábricas. El panóptico era un sitio en forma de anillo en medio del cual había un patio con una torre en el centro. El anillo estaba dividido en pequeñas celdas que daban al interior y al exterior y en cada una de las celdas había, según los objetivos de la institución, un niño aprendiendo a escribir, un obrero trabajando, un prisionero expiando sus culpas, un loco actualizando sus locuras, etc. En la torre central había un vigilante y como cada celda daba al mismo tiempo al exterior como al interior, la mirada del vigilante podía atravesar toda la celda.

A través de la metáfora del panoptismo, Foucault intenta apuntar al conjunto de mecanismos que operan en el interior de todas las redes de procedimientos de lo que se sirve al poder el panoptismo ha sido una invención tecnológica en el orden del poder, como la máquina de vapor en el orden de la producción. Esta invención tiene esto de particular: que ha sido utilizada en un principio en niveles locales: escuelas, cuarteles, hospitales… Se ha aprendido a confeccionar historiales, a establecer anotaciones y clasificaciones a hacer la contabilidad integral de estos datos individuales. Se instala, entonces como rasgo característico de la modernidad una sociedad disciplinaria, panóptica que tiene como objetivo central formar cuerpos dóciles, susceptibles de sufrir modificaciones a través de tres operaciones:

a. La vigilancia continua y personalizada,
b. Mecanismos de control de castigos y recompensas y
c. La corrección, como forma de modificación y transformación de acuerdo a las normas prefijadas.

La vigilancia, dentro del panoptismo desempeña un rol destacado, dado que la misma sobre los individuos no se ejerce al nivel de lo que se hace sino de lo que se es o de lo que se puede hacer. La vigilancia tiende cada vez más a individualizar al autor del acto, dejando de lado la naturaleza jurídica o la calificación penal del acto en sí mismo. En este sentido, Foucault habla de la arquitectura de la vigilancia que haga posible que una única mirada pueda recorrer el mayor número de rostros, cuerpos, actitudes la mayor cantidad posible de las cedas; así la tarea principal que le compete a la vigilancia es “vigilar a los individuos antes de que la infracción sea cometida” por eso se la simboliza por un ojo siempre abierto.

El panoptismo más allá de ser simbolizado a través de la metáfora enunciada anteriormente, se corporiza en la realidad de las diferentes instituciones, de este modo Foucault detalla quisiera mostrar cómo es que existe este panoptismo al nivel más simple y en el funcionamiento cotidiano de instituciones que encuadran la vida y los cuerpos de los individuos: el panoptismo, por lo tanto, al nivel de la existencia individual. Así el individuo pertenece a un grupo y el grupo se desenvuelve en las distintas instituciones que conforman la sociedad disciplinaria, como la prisión, la escuela, el hospital, la fábrica etc. Tales instituciones son denominadas por el autor estructuras de vigilancia y todas tienen: un fin común el fijar o vincular a los individuos a un aparato de normalización de los hombres; un objetivo basado en ligar al individuo al proceso de producción, formación o corrección de los productores que habrá de garantizar la producción y a sus ejecutores en función de una determinada norma y un efecto común que es la exclusión del individuo.

Las instituciones no deben clasificadas en estatales y no estatales sino definidas como una red institucional de secuestro que rigen la dimensión temporal de la vida de los individuos y la existencia de los mismos. Así sus funciones se centran en el control del tiempo, basado en la apropiación y explotación de la cantidad del mismo y en el control del cuerpo, basado en un sistema determinado encargado de formarlo y valorizarlo. En este sentido, Foucault afirma en esta sociedad. En el siglo XIX el cuerpo adquiere una significación totalmente diferente y deja de ser aquello que debe ser atormentado para convertirse en algo que ha se ser formado, reformado corregido, en un cuerpo que debe adquirir aptitudes, recibir ciertas cualidades y calificarse como cuerpo capaz de trabajar. Es importante desatacar que, más allá de que todas las instituciones que conforman esta red son especializadas, el funcionamiento de cada una supone una disciplina general de la existencia que supera ampliamente las finalidades para las que fueron creadas.

Dentro de las instituciones de secuestro Foucault califica al poder como, económico, político, judicial, y epistemológico. Éste último es entendido como un poder de extraer un saber de y sobre estos individuos ya sometidos a la observación y controlados por estos diferentes poderes.

Existen varios saberes, por un lado a nivel general, el que es extraído del comportamiento de los individuos, dado que del poder que es ejercido sobre éstos es de donde se extrae un saber.

Y por el otro a nivel más particular tenemos, el saber tecnológico que se forma de la observación y clasificación de los individuos, del registro, análisis y comparación de sus comportamientos y el saber de observación calificado como clínico.

Dentro del poder el autor identifica el sub-poder como una trama de poder político microscópico, capilar, capaz de fijar a los hombres al aparato de producción, conjunto de pequeños poderes e instituciones situadas en un nivel más bajo

De todas las instituciones que Foucault se vale para ejemplificar su discurso, nombra la escuela dentro de lo pedagógico, así “la pedagogía se constituyó igualmente a partir de las adaptaciones mismas del niño a las tareas escolares, adaptaciones que, observadas y extraídas de su comportamiento, se convirtieron en seguida en leyes de funcionamiento de la instituciones y forma de poder ejercido sobre él.

En el primer volumen de la Historia de la Sexualidad expresa que la confesión se instala como una práctica fundamental nacida en el interior de la institución católica, la confesión difundió hasta muy lejos sus efectos: en la justicia, en la medicina, en la pedagogía en las relaciones familiares, en las relaciones amorosas, en el orden de lo más cotidiano, en los ritos más solemnes; se confiesan los crímenes, los pecados, los pensamientos y deseos, el pasado y los sueños, la infancia. El hombre, en Occidente, ha llegado a ser un animal de confesión.

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Adolescentes usan Facebook para terminar sus relaciones.

El famoso Facebook...

El famoso Facebook...

Después de un mes de relación, Gabriela (20) y su novio decidieron hacerlo más oficial y cambiar el estado de su Facebook a ‘estoy en una relación’ (ver recuadro). Pero la estabilidad no duró mucho tiempo, y un mes después, Gabriela no aguantaba más y quería terminar todo contacto con él. El problema era que no lo vería en cuatro días ‘y no estaba dispuesta a esperar tanto para decírselo en la cara’. Una amiga le dio la idea: ‘Patéalo por messenger, da lo mismo, hazlo como quieras’. Gabriela fue más radical y al llegar a su casa lo primero que hizo fue ir al computador y cambiar su estado de Facebook por ’soltera’. – ‘¡Oye, qué pasó! ¿Te pusiste soltera?’, le dijo su aludido novio por messenger, minutos después. – Sí, de hecho… terminamos. Y con ese diálogo cerraron el capítulo y no volvieron a verse nunca más. Terminar una relación por las actuales redes sociales como Facebook, Twitter o Messenger se está transformando en la salida perfecta para los adolescentes. Un fenómeno que especialistas reconocen y creen que se convierte en un camino fácil para evitar el desagrado de tener que decirle a una persona que una relación ya no va más, mientras que los jóvenes ocupan la estrategia como algo natural. Una encuesta del sitio británico http://www.lovehearts.com reveló que el 48% de menores de 21 años había terminado su relación por este tipo de redes sociales. Aunque la situación no se limita sólo a los más jóvenes, porque el 18% de personas entre 22 y 30 años, también lo había hecho de ese modo. ESCONDIDO EN LA TECNOLOGIA Gustavo tenía una clásica relación tormentosa, de esas que terminan y vuelven a cada rato. Pero la manera en que terminó definitivamente no fue nada de grata para él. Un día llegó a la casa de un amigo muy mal, porque recién había peleado con su novia. En la noche, cuando se puso a revisar su Facebook, se llevó la sorpresa de que su novia se había declarado como soltera sin avisarle. Gustavo la llamó inmediatamente por teléfono para preguntarle qué había pasado, si sólo había sido una pelea no más, pero ella le contestó que ‘para qué iba a poner que estaban de novios si ya no había vuelta que darle a la relación’. ‘Estamos viviendo una revolución tecnológica y eso está cambiando la sociedad. La tecnología está ingresando a la vida cotidiana y un adolescente de ahora nació con ella. A nosotros los adultos nos sorprende, pero para ellos es muy normal. Pero el hecho de que terminen de esta manera sus relaciones es algo que veo muy seguido en la consulta, aunque lo comentan a la pasada, casi como una anécdota más, con mucha liviandad’, dice Juan Pablo Westphal, sicólogo infanto juvenil de la Clínica Santa María. Las razones que tienen para terminar de esta manera, dice la psicóloga de la Universidad de Chile Ana María Puga, tienen que ver con el contexto en que viven y los nuevos códigos que han establecido. ‘Es una clave aceptada, quizás ni siquiera es por cobardía, sino que simplemente así son las cosas ahora. Los adolescentes se mueven con bastante más desapego que las generaciones anteriores, y creo que eso también tiene que ver con que los padres ya no están seguros si los códigos antiguos sirven tanto actualmente’, dice. Westphal agrega que la tecnología permite que sea más fácil no encarar un problema, mitigando el sufrimiento que generaría vivir la situación presencialmente. ‘Al tomar una decisión de este tipo, el joven se compromete poco y se angustia poco también. Evita una situación desagradable, es una especie de sedante para quien lo asume, porque es más fácil hablarle a un aparato que a una persona’. Fuente: LaTercera

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La familia nuclear, ¿Herencia de la revolución industrial?

Por: Lic. Julissa Gutiérrez, Profesora de la Facultad de Ciencias y Humanidades

Colaboradora del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad de Piura.

La familia como institución natural, no puede considerarse como un producto estático, pues ha recibido a lo largo del tiempo un legado histórico considerable. Por ejemplo, la forma cómo los griegos concebían a la familia es diferente a la que tuvieron los romanos del Bajo Imperio, influida por los ideales cristianos; y distinta a la idea de familia del siglo XXI. La familia, pues, como hija de su tiempo, ha sufrido muchas transformaciones, positivas y negativas.

De acuerdo con esto, nos surge una pregunta ¿desde cuándo presenciamos la difusión del modelo nuclear de la familia (padre, madre e hijos), tan arraigado en la sociedad occidental? Vemos que uno de los momentos claves de la historia y cuya influencia aún se siente fue
la Revolución Industrial. Iniciada en Inglaterra a fines del siglo XVIII, trajo un sinfín de innovaciones tecnológicas a la producción, que originaron una migración masiva de las familias rurales, hacia las ciudades.

Este fenómeno, de gran relevancia económica, tuvo y tiene una repercusión enorme en la sociedad y, por supuesto en la familia. En la sociedad preindustrial predominaba el modelo de familia rural y extensa conformada por padres, hijos, abuelos, tíos, parientes en general, quienes, unidos por lazos de sangre, fortalecían sus relaciones con los rituales del matrimonio, el nacimiento y la muerte. La familia era, pues, el contexto social más importante ya que además de lugar de residencia constituía la unidad básica de producción; sus miembros trabajaban conjuntamente y se prestaban apoyo mutuo.

Asimismo, ejercía funciones de bienestar y de control social, no sólo criaba y educaba a sus hijos, sino también servía cuidaba de los enfermos y ancianos. En ella era diferente el trato y la educación de niños y adolescentes; sobre todo en las sociedades rurales, sus miembros, desde muy pequeños eran tratados como adultos, a diferencia de la prolongada adolescencia observada en las sociedades actuales, que deja transcurrir más de diez años entre la pubertad y la adopción de roles adultos.

Pese a que no se conocen bien las razones del cambio, a partir de la revolución industrial comenzó a “generalizarse” la familia conyugal o nuclear; decimos generalizar porque el modelo nuclear ya existía y, aunque no emergió en un punto histórico específico, fue el Cristianismo quien más lo impulsó.

Al crecer las ciudades con el desarrollo industrial, las relaciones entre los miembros de las familias que habían sido más personales y directas, se vuelven impersonales y anónimas, la gente se vuelve desarraigada, y decae la solidaridad.

Con la industrialización se produjo la separación entre el hogar y el lugar de trabajo, estableciéndose así una frontera más visible entre el espacio público y el privado. La familia se idealizó como un lugar perfecto donde se redujo la distancia entre padres e hijos y se revalorizó la función social de la mujer como esposa y como madre. La ideología liberal, nacida del desarrollo de la burguesía y del progreso económico, empezó a proclamar el derecho del individuo a escoger al cónyuge, el lugar de residencia y el grupo de familiares con los que se quiera relacionar. Sin embargo, este proceso acarreó un aspecto negativo: se produjo una individualización de las relaciones familiares, que causó una creciente separación entre la familia nuclear y el parentesco extenso y el cierre del hogar a los no parientes; asimismo, causó una gran separación entre las generaciones y, especialmente, el aislamiento de las personas ancianas.

No debe extrañarnos por lo tanto la presencia de algunos fenómenos actuales como el abandono de los ancianos, la indiferencia creciente hacia quienes no forman parte de la familia nuclear, el individualismo que aísla a las familias de una dinámica social comprometida, y las sumerge en una especie de anomia.

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La Violencia en la Escuela (Opinión)

“¿Cómo pensar, y cómo continuar pensando, en los tiempos que vivimos? ¿Existe aún alguna perspectiva desde la cual trazar el perfil de una humanidad en continua agitación y a la vez inmóvil, instalada en la afirmación paradójica de que ya no será posible afirmar absolutamente nada? Una humanidad en fuga, que tolera apenas el hastío de sus propias astucias, que disfraza su identidad o su vacío bajo una serie interminable de decorados, disfraces y simulacros…”

Nuestra sociedad, frente a la demanda de sentido y de valor, ofrece incertidumbre y desesperanza. Los objetos del capitalismo mercantil, -lejos de ofrecer cambios estructurantes, simbólicos, fuertes y diferenciados-, sólo apuntan al deseo infinito de su consumo (abarcar, tragar y comercializar todo lo real). La economía rige de manera hegemónica todos los actos de la vida humana, despojando al campo simbólico de lo viviente, de todo sentido y valor, en beneficio del dispositivo insignificante de la razón deseante, satisfecha y frustrada del animal consumidor. “EL HIPERMERCADO ES LA REGLA”.

Este es el contexto para poder leer y escuchar los acontecimientos de violencia que ocurren dentro y fuera de la institución escolar. La escuela actúa como pantalla proyectiva por excelencia de lo que sucede todo el tiempo a nivel social. Es así como en ella ocurren violaciones en los baños, o peleas a navajazos entre distintos establecimientos, o padres que esperan a la maestra “a la salida” para golpearla por la amonestación que sufrió su hijo, o chicos que disparan armas, etc., etc. ¿Por qué asombrarnos ante hechos de violencia que son el reflejo de una comunidad que ha sido quebrada, dividida y casi destruido su tejido social y sus redes de solidaridad? Cuando la escuela Nº 4 fue ocupada por los alumnos, debido a las deplorables condiciones edilicias que presentaba, los chicos pusieron un cartel que da cuenta de lo que sucede, y es un analizador privilegiado: “EL SILENCIO Y LA MENTIRA TAMBIÉN SON VIOLENCIA”.

Cuando la instancia de identificación de la adolescencia se remite a la falta de verdaderos actores de la historia, y sólo aparecen simples comparsas (efecto Cromagnon), sin duda, uno se vuelve el simulacro de su propio ideal. Triunfa la inquietud el desconcierto y el desánimo.

Muchas de las nuevas formas de convivencia son sólo prácticas secuenciales, fragmentarias, casi experimentales y de futuro incierto. La gran masa de adolescentes ha atravesado parte de su existencia en una inmensa ausencia de “ser”. Están los que pueden acceder al consumo o los que viven el desamparo y el sufrimiento. Egresados sin diploma que engrosan las filas de futuros desempleados y en el mejor de los casos emigrantes.

Despojada la institución escolar de las significaciones y valores que la fundaron, la escuela se ve cada vez más reducida a funciones de instrumentalización, selección y control para aumentar las filas del consumo o de la desocupación. Vivimos en una sociedad en la cual el extrañamiento domina la escena. Desorientados y perdidos en el tiempo y en el espacio, sin un lugar y sin una consistencia subjetiva palpable, sin la familiaridad de ciertas relaciones y contratos que hasta ayer eran válidos. Esta es la “identidad no colectiva” que nos propone la globalización. Son países que necesitan que algunos de sus integrantes estén en un “no lugar”, por lo tanto, parte de sus miembros asumen un lugar de “sobrantes”.

Es así como el trabajo y la educación se convierten en dispositivos aislados e incomunicados pero, también son condiciones de inclusión o de exclusión. Si el acceso a aquéllos determina una transformación social, su restricción promueve pauperización. Un cartonero comentaba en una reunión en una escuela para pedir talleres de alfabetización: “Estamos creando una generación de cartoneritos.”

La robustez de una sociedad reside en los espacios creados por los propios integrantes para articular colectivamente la trama social de la cooperación, integración y complementariedad de las potencialidades individuales. La red social no es algo dado, instituido y fijo, es un lugar abierto donde el poder circula y donde se anuda y desanuda de acuerdo a un futuro y en la obstinada permanencia de nuestros sueños. Somos tan sólo los sobrevivientes de una catástrofe política.

Escepticismo, prostitución adolescente, violencia cotidiana en aumento. Muchos de los símbolos actuales de identidad, como ya fue dicho, tienen su origen en el mercado y en el consumo. La reestructuración de las identidades en torno a consumos globales traza líneas de pertenencia que rebasan los límites locales e instalan otros límites, donde el vínculo se establece por el acceso a la tecnología y esto es lo que define la posibilidad de ocupar un lugar. La violencia denuncia en cierto sentido esta mutación, este estado actual de las cosas.

Los jóvenes terminan coexistiendo con dos alternativas contrapuestas: “el no lugar” por la falta de identidad ciudadana, y una “sobreasignación desde una identidad estigmatizante”. La adolescencia se instituye como campo de batalla de fenómenos y conflictos sociales que reproduce y reformula. “Esta etapa de la vida como tal debe ser sostenida en tanto nos posibilita a la comunidad toda algún tipo de orden y responsabilidad dentro de lo incomprensible cotidiano”.

“…Una comunidad para merecer tal nombre, debe apoyarse en la idea de que sus miembros asumen una responsabilidad compartida por cada uno de los que la integran. No puede haber una sociedad sin un sentido y una práctica de la responsabilidad. Y si la capacidad de carga de los puentes se mide por la fuerza de sus pilares mas débiles, la solidaridad de una comuna se mide por el bienestar y la dignidad de sus miembros más débiles…” (Extractado del libro Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos de Zygmunt Bauman, Editorial Fondo de Cultura Económica).

Lo que sucede casi a diario en nuestras escuelas y en algunos casos es tapa de diarios o noticia televisiva como la violencia escolar, el maltrato de alumnos a docentes y viceversa o de padres a docentes y alumnos, armas en la escuela, etc., etc., son analizadores de las condiciones en que se desarrolla el proceso educativo en el aquí y ahora de los educadores y educandos, en la Argentina. Hay continuos y pequeños maltratos diarios. Hace mucho que los docentes vienen reclamando una mayor formación y otra mirada sobre lo que ocurre puertas adentro de los colegios; réplica deformada de la violencia del afuera. Trabajo y educación han sido prácticas privilegiadas para dar sentido a la identidad en la modernidad; sin embargo, el proceso histórico pone de manifiesto la crisis de estos modos de socialización.

Muchos de los símbolos actuales de la identidad posmoderna tienen su origen en el mercado, en el puro presente del consumo (CONSUMIR Y SER CONSUMIDO), y no en el rescate de un pasado histórico. Y es en los espacios de la vida cotidiana donde se dirime la lucha por la construcción de sentido. Pero si en estos espacios (familia, colegios, clubes, plazas, calles, etc.) se instala un clima de peligrosidad en los vínculos, predominará la desconfianza, el desamparo y la inseguridad.

Nuestra sociedad instaura un vínculo con sus jóvenes, que recrea en muchos puntos al de un inmigrante. El joven al des-ciudadanizarse, pasa a ser un extraño, un sujeto que ya no tiene derechos ni reglas establecidas a priori. Su lugar de alojamiento ha sido vulnerado.

La escuela como agente privilegiado de socialización se ha debilitado y, no obstante, sigue siendo para nuestros chicos el lugar donde expresar aquello que les sucede. Los docentes deben estar preparados a escuchar y a participar de un proceso social de recuperación de la historia. Quien se apropia de su historia recupera su palabra. El desafío -una vez más-, es no retroceder frente al conflicto, para soportarlo y desplegarlo; pero en forma colectiva y grupal. Nada de lo que acontece en las escuelas puede ser resuelto individualmente. Se correría el peligro de reinstalar una vez mas la escena entre una víctima y un victimario. Nuestro país tiene una crónica que da cuenta una y otra vez de este imaginario. Nosotros en tanto intelectuales debemos ser militantes de la verdad e incorporarnos al devenir paradójico y violento de las verdades y no retroceder frente a ellas.

Monika Arredondo
Psicoanalista -Analista institucional
monikaarredondo@uolsinectis.com.ar

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El Culturalismo

Erich Fromm

Erich Fromm

En los años 50, 60 y 70 del siglo pasado asistimos al auge de esa corriente de pensamiento en los paises desarrollados, sobretodo en los EEUU, Europa y algunos sudamericanos.

Cuajó a expensas de la gran influencia que por entonces tenía la hoy ex-Unión Soviética sobre la izquierda universitaria y culta y abarcó amplios campos del saber: La filosofía, la antropología, la sociología, la historia, la psicología y por lo tanto el psicoanálisis, la política.

Leiamos a Marcuse (La Sociedad Carnívora), a Sartre, a Foucault y a Althusser.

Dentro del campo del psicoanálisis también se notó su influencia.Desde el marxismo y desde fuera del marxismo.

Podemos definir al Culturalismo como la tendencia que pone el énfasis en los factores sociales y culturales en el desarrollo de la personalidad y en la generación del conflicto.

Esta escuela hace una valoración superlativa de esta “presión cultural”.

Entre sus epígonos dentro del campo psicoanalítico destacaron personalidades como Harriet Sullivan, Karen Horney y Erich Fromm.

Ellos rechazaron la teoría freudiana de las pulsiones y pusieron en primer plano dos conceptos: la angustia y la agresividad.

La primera como consecuencia del conflicto del Yo con las exigencias culturales, la segunda como efecto de la frustración.

Esta frustración produce un profundo resquemor y una agresividad que debe ser reprimida y por lo mismo está en el origen de la angustia.

Esta forma de entender la génesis del conflicto está totalmente alejada de los

Karen Horney

Karen Horney

postulados freudianos y lacanianos y son los que han desvirtuado el concepto de frustración en el psicoanálisis, volviendo muy dificil su recuperación.

Además de la constatación de como se han apoderado del concepto las escuelas conductistas.

A nivel del pensamiento filosófico, Sartre se ocupó y mucho del concepto de angustia y dentro del existencialismo y la fenomenología pensadores como Biswanger y Victor Frankl fueron sus continuadores.

El último de ellos, muy ligado al pensamiento católico y a algunas ideas del junguismo.

Sullivan describe por aquél entonces una angustia que él llamó básica, que es adquirida en las primeras etapas de la vida, en la infancia, y transmitida por los padres. Esta ponía en evidente riesgo la necesidad que tiene el niño de seguridad.

Esta necesidad de seguridad no tiene un origen sexual para él, sino que está fundamentada en la socialización.

Se aleja por lo tanto del concepto freudiano de placer libidinal.

De allí surgirá como consecuencia que al tratar de evitar la angustia, reprimirá todos los impulsos que puedan entrar en conflicto con las normas culturales.

Karen Horney también considera a la angustia como un efecto directo de la frustración. Para ella la angustia procura en su intento de ser disuelta, un aumento de las necesidades afectivas y una búsqueda del amor exclusivo, sobretodo de la madre.

Al no lograrlo totalmente, se produce agresividad, que lo lleva a experimentar fuertes sentimientos de culpa y temor a perder el amor primordial.”La personalidad neurótica de nuestro tiempo”.

Erich Fromm, que como recordarán escribió títulos tan importantes como “El arte de amar” o “El miedo a la libertad”, ubica a la angustia como resultado del conflicto infantil entre la necesidad de independencia y la de reconocimiento.

Para él, la justicia, la libertad y la verdad, son tendencias innatas, fuertemente asentadas en la personalidad humana y no meras sublimaciones como fueron comprendidas por Freud y posteriormente por Lacán.

Para Fromm, el hombre y la sociedad se recrean dialécticamente y es ésta interacción la que hace del hombre un ser fundamentalmente “social”.

El complejo de Edipo, por lo tanto, es el producto de una sociedad que el denomina “patriarcal”, y el resultado de la lucha del niño por su individuación.

La escuela culturalista llega a conclusiones radicalmente opuestas a las que llegó Freud.

Las actitudes de la sociedad hacia la sexualidad son para ellos realmente peligrosas, siendo en última instancia la sociedad la causa de la agresividad y la angustia.

Por supuesto, estas posiciones fueron fuertemente criticadas por los psicoanalistas clásicos y rebatidas por numerosos trabajos que investigaron el origen de la sexualidad infantil y el complejo edipo-castración.

Al poner el énfasis en la frustración “realmente” vivida por el individuo, los culturalistas descuidan el papel de la fantasía en los conflictos individuales y terminan negando el concepto de inconsciente tal como lo alumbró Freud y como lo perfeccionó Lacán.

Ellos analizan el conflicto como una “realidad” y perciben a la historia como un “trauma”.

Su equívoco más importante es el desconocimiento del caracter imaginario de la angustia y del conflicto edípico, y de los conceptos que por aquel entonces estaba elaborando Lacán con la ayuda de la lingüistica, y su descubrimiento de lo Real.

El Culturalismo desapareció como tal, pero muchas de sus ideas siguen vivas en los movimientos sociales y políticos.

Sobretodo en los llamados “movimientos de liberación de la mujer”.

El psicoanálisis, con el crecimiento de la influencia de las ideas de Lacán, dió un paso mas allá.

Sin perder de vista los conflictos sociales, no abandona en absoluto el pensamiento de Freud desarrollando nuevas lineas de investigación y abriendo perspectivas que garantizan la formulación de un psicoanálisis mucho mas completo, moderno y eficaz para entender al hombre de nuestro tiempo.

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