Tribus urbanas: La batalla desigual frente a la sociedad de consumo

tribus_urbanas1La expresión Tribus Urbanas está fuertemente relacionada con otras tres nociones que definen un tipo de asociación y movimiento que se origina dentro del seno de la cultura juvenil: en el mundo del adolescente y de los jóvenes adultos.

Estas tres nociones son la de Grupo de Pares, la de Subcultura y la de Contracultura, términos que vienen del campo de la Sociología, y que nos ayudan a entender un fenómeno que termina por generar toda una industria que mueve millones alrededor del mundo globalizado.

Cuando los adolescentes comienzan a querer diferenciarse de sus padres y de su grupo familiar primario, tienden a generar otro tipo de asociación que les permite definirse por el mero hecho de pertenecer a ella: es el Grupo de Pares, en el que personas de características similares se asocian para compartir intereses, comportamientos e ideales, como también la utilización de diversos códigos que los “separen” del mundo de los adultos. Los Grupos de Pares adolescentes tendrán un lenguaje particular, argots propios y muchas veces incomprensibles para los que no pertenecen al grupo, códigos estéticos distintivos, como vestimentas que están fuera del circuito comercial industrial, cortes y colores de pelo estrafalarios o “esos raros peinados nuevos” según Charly García, valores que se enfrentan, o al menos lo intentan, con los que pregona la sociedad adulta, y productos culturales artísticos, como la música, que vienen a pelear un lugar en un mundo al que todavía no pueden ingresar: el de la sociedad industrial avanzada.

Los Grupos de Pares devienen, entonces, en la segunda noción que nos queda por explicar: se convierten en una “Subcultura”, porque comparten pautas de comportamiento que, lo quieran o no, se relacionan con la cultura general de la sociedad que los vio nacer. Pero, como vimos, se distinguen de ella mediante la utilización de códigos específicos que los separan de su entorno.

Muchas veces, los Grupos de Pares adquieren un perfil más radicalizado y, no conformes con la mera diferenciación entre ellos y su sociedad madre, deciden comenzar un abierto enfrentamiento con ella, iniciando un nuevo cambio, que termina por degenerar en la tercera de las nociones que queremos definir: la Subcultura muta, y se transforma en Contracultura. Esto indica una nueva vuelta de tuerca, y nos señala que la Subcultura comenzó a oponerse, mediante la utilización de códigos más cerrados y contestatarios, a la cultura convencionalmente aceptada y aprobada por la sociedad en general.

Un mix de todas estas expresiones sociológicas es lo que viene a explicar el fenómeno de lo que conocemos como Tribus Urbanas: Grupos de Pares, que generan Subculturas y Contraculturas que, cuando se masifican, terminan engrosando las filas de la cultura de la Sociedad Macro.

Las Tribus Urbanas, como los Grupos de Pares, son comunidades que se estructuran sobre lazos emocionales y sobre intereses comunes, que visten usando un mismo código estético según sea la tendencia que la Tribu tenga, y que comparten espacios, de los que se apropian, tanto para su desarrollo cotidiano, como para aquellos momentos que vienen a romper con la rutina de la Tribu.

La Tribu viene a brindar amparo a jóvenes que se sienten excluidos de la sociedad, por diferentes razones, que pueden ir desde la falta de oportunidades para conseguir trabajo, la imposibilidad de estudiar, la carencia de esperanzas en un mundo que se les presenta hostil, frío y desaprensivo para con las futuras generaciones, por el desagrado que la masificación de valores que los medios de comunicación realizan gracias al avance tecnológico, o simplemente, porque son adolescentes y están en plena crisis de personalidad.

Los espacios que sirven de escenario para las Tribus, como dijimos, se dividen en dos grandes grupos: los que se utilizan cotidianamente, como podrían ser bares de encuentro, esquinas o calles específicas de la ciudad, y los que sirven para romper con la rutina y para mostrarse a los demás, como las discotecas, o boliches, en los que se actúa de determinado modo para demostrar la diferencia existente entre ellos y los otros.

Los adolescentes y jóvenes adultos, sin quererlo, con este movimiento sub y contracultural, comienzan a hacer circular códigos novedosos para la macro sociedad industrial, que empieza a conocerlos, analizarlos y, llegado el momento, a utilizarlos para hacer dinero mediante la producción en masa de esa vestimenta hasta entonces no comercial (es decir, imposible de adquirir en un Shopping) y de esa música y líderes de grupos musicales fuera del sistema.

La sociedad industrial absorbe la producción singular de la Tribu Urbana, aprovechándose de la creatividad de los jóvenes descontentos, para, de este modo, ponerle coto a la movida “contestataria” y, en algunos casos, también marcarle límites a la violencia de la que muchas de estas Tribus, devenidas en contraculturas, hacen gala.

Veamos, particularmente, el caso del fenómeno Punk.

La palabra que da nombre al movimiento surgido allá por 1970 en Londres, más puntualmente en una tienda de moda que regenteaba en King´s Road Malcolm McLaren, tiene su mejor traducción en la expresión “podrido”, lo que venía a definir el descontento que la música “beat” británica, y su comercialización en masa provocaron.

El movimiento Punk, al que no podemos circunscribir al campo de la música, sino que abarcó mucho más, como vestimenta, peinado y estilo de vida, vino a manifestarse en contra de lo que se conoce como decadencia del Rock profesional, que se desvirtuaba a sí mismo al someterse a los intereses del mercado y de las grandes disqueras.

Si bien la cuna del Punk Rock fue Inglaterra, su mayor difusión fue alcanzada desde Estados Unidos, cuando en Detroit grupos como MC5 y The Stogges, liderados por Iggy Pop, entre otras bandas, se constituyeron como la música nueva que se enfrentaba a lo ya socialmente aceptado.

El Punk Rock reivindicaba la cultura de la ciudad y el consumo de drogas, como la heroína, y tuvo en el pintor y cineasta Andy Warhol y en Lou Reed a dos de sus más reconocidos exponentes.

Fue dentro del Punk Rock que nació el “pogo”: choque cuerpo a cuerpo entre los asistentes a un concierto en el que los propios músicos participan, inventado por el bajista de los Sex Pistols, Sid Vicious.

También fue el Punk Rock el que popularizó los escupitajos en escena, que vino a apuntalar la imagen violenta que ya los medios de comunicación señalaban como característica del Punk.

Los “ídolos” del Punk comenzaron a cambiar sus apellidos por alias, que remarcaban su tendencia marginal y su carácter provocador.

La estética Punk es agresiva: medias de red rotas mezcladas con borceguíes militares, pelos de punta y de colores estridentes, aros en la nariz o en las cejas, ropa vieja reciclada y tachas por todos lados, y el negro como color predominante. ¡Muy existencialista!

El lema Punk era “No Future” (“No Futuro”), de clara base nihilista, con algo de anarquía, y muestra más que evidente del descontento que los que adherían a este movimiento sentían frente al mundo de postguerras y de Vietnam. Recordemos que el Punk hace aparición luego del Mayo Francés, en 1968.

Pero, como siempre ocurre, el Punk, como todo, terminó convirtiéndose en un negocio más, y cuando esto ocurre, las Tribus Urbanas empiezan a generar nuevas escapatorias al sistema comercial.

Así, del Punk surgieron los Skins, que se dividieron a su vez entre los de tendencia izquierdista (los Red Skins) y los Fascistas. Marcadamente racistas, los Skins, en un principio, tomaron la estética del Punk pero a ella le sumaron una música más divertida, dado que usaron ritmos provenientes del Ska y del Reagge. Más tarde, su música se hizo más pesada. Y, a diferencia de los Punk, los Skins se afeitan la cabeza. De allí lo de “cabezas rapadas”.

Otra derivación del Punk es el movimiento de los Góticos. Estos son cultores del dark, de la ropa negra, de la música lúgubre y psicodélica, y del pensamiento nihilista, con mayor profundidad de lo que el Punk pudo lograr. Dentro de los Góticos, hay pequeñas agrupaciones que, incluso, son bebedores de sangre y admiradores de toda la “onda vampiro”. Una banda Gótica puede ser The Cure.

Los movimientos posteriores al Punk, como el Heavy Metal, e incluso el Rap y el Break son deudores, en alguna medida, de la ruptura que marcó el Punk Rock dentro de la cultura musical juvenil de los años ’70. Pero, como vimos, la industria termina por absorber todo movimiento que comenzó como antisistema, sometiéndolo a las leyes del mercado. De allí que las Tribus Urbanas estén en constante mutación, buscando una forma de expresión propia que les dé razón de ser y que les permita poseer un espacio privado, que las diferencie de un mundo adulto y lejano que no satisface sus necesidades diarias.

 

Lic. Flavia L. Vecellio Reane.

Analista en Medios de Comunicación.

Docente. Periodista.

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