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Cómo entender y tratar la depresión con Terapia Cognitiva Post-Racionalista

En esta presentación el psicólogo Alfredo Ruiz analiza la depresión como un trastorno del estado del ánimo.
Diferencia la reacción depresiva normal que pertenece a la experiencia humana, de la depresión clínica en la cual la persona ve su vida seriamente afectada.
Así, se explican los síntomas de depresión como desbalances afectivos emocionales que la persona no puede asimilar, y que por lo tanto le provocan síntomas clínicos como profunda tristeza, desánimo, sentimiento de culpa, etc.
Finalmente, describe el tratamiento de la depresión -sin medicamentos- usando la terapia cognitiva post-racionalista.

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La familia nuclear, ¿Herencia de la revolución industrial?

Por: Lic. Julissa Gutiérrez, Profesora de la Facultad de Ciencias y Humanidades

Colaboradora del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad de Piura.

La familia como institución natural, no puede considerarse como un producto estático, pues ha recibido a lo largo del tiempo un legado histórico considerable. Por ejemplo, la forma cómo los griegos concebían a la familia es diferente a la que tuvieron los romanos del Bajo Imperio, influida por los ideales cristianos; y distinta a la idea de familia del siglo XXI. La familia, pues, como hija de su tiempo, ha sufrido muchas transformaciones, positivas y negativas.

De acuerdo con esto, nos surge una pregunta ¿desde cuándo presenciamos la difusión del modelo nuclear de la familia (padre, madre e hijos), tan arraigado en la sociedad occidental? Vemos que uno de los momentos claves de la historia y cuya influencia aún se siente fue
la Revolución Industrial. Iniciada en Inglaterra a fines del siglo XVIII, trajo un sinfín de innovaciones tecnológicas a la producción, que originaron una migración masiva de las familias rurales, hacia las ciudades.

Este fenómeno, de gran relevancia económica, tuvo y tiene una repercusión enorme en la sociedad y, por supuesto en la familia. En la sociedad preindustrial predominaba el modelo de familia rural y extensa conformada por padres, hijos, abuelos, tíos, parientes en general, quienes, unidos por lazos de sangre, fortalecían sus relaciones con los rituales del matrimonio, el nacimiento y la muerte. La familia era, pues, el contexto social más importante ya que además de lugar de residencia constituía la unidad básica de producción; sus miembros trabajaban conjuntamente y se prestaban apoyo mutuo.

Asimismo, ejercía funciones de bienestar y de control social, no sólo criaba y educaba a sus hijos, sino también servía cuidaba de los enfermos y ancianos. En ella era diferente el trato y la educación de niños y adolescentes; sobre todo en las sociedades rurales, sus miembros, desde muy pequeños eran tratados como adultos, a diferencia de la prolongada adolescencia observada en las sociedades actuales, que deja transcurrir más de diez años entre la pubertad y la adopción de roles adultos.

Pese a que no se conocen bien las razones del cambio, a partir de la revolución industrial comenzó a “generalizarse” la familia conyugal o nuclear; decimos generalizar porque el modelo nuclear ya existía y, aunque no emergió en un punto histórico específico, fue el Cristianismo quien más lo impulsó.

Al crecer las ciudades con el desarrollo industrial, las relaciones entre los miembros de las familias que habían sido más personales y directas, se vuelven impersonales y anónimas, la gente se vuelve desarraigada, y decae la solidaridad.

Con la industrialización se produjo la separación entre el hogar y el lugar de trabajo, estableciéndose así una frontera más visible entre el espacio público y el privado. La familia se idealizó como un lugar perfecto donde se redujo la distancia entre padres e hijos y se revalorizó la función social de la mujer como esposa y como madre. La ideología liberal, nacida del desarrollo de la burguesía y del progreso económico, empezó a proclamar el derecho del individuo a escoger al cónyuge, el lugar de residencia y el grupo de familiares con los que se quiera relacionar. Sin embargo, este proceso acarreó un aspecto negativo: se produjo una individualización de las relaciones familiares, que causó una creciente separación entre la familia nuclear y el parentesco extenso y el cierre del hogar a los no parientes; asimismo, causó una gran separación entre las generaciones y, especialmente, el aislamiento de las personas ancianas.

No debe extrañarnos por lo tanto la presencia de algunos fenómenos actuales como el abandono de los ancianos, la indiferencia creciente hacia quienes no forman parte de la familia nuclear, el individualismo que aísla a las familias de una dinámica social comprometida, y las sumerge en una especie de anomia.

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El Culturalismo

Erich Fromm

Erich Fromm

En los años 50, 60 y 70 del siglo pasado asistimos al auge de esa corriente de pensamiento en los paises desarrollados, sobretodo en los EEUU, Europa y algunos sudamericanos.

Cuajó a expensas de la gran influencia que por entonces tenía la hoy ex-Unión Soviética sobre la izquierda universitaria y culta y abarcó amplios campos del saber: La filosofía, la antropología, la sociología, la historia, la psicología y por lo tanto el psicoanálisis, la política.

Leiamos a Marcuse (La Sociedad Carnívora), a Sartre, a Foucault y a Althusser.

Dentro del campo del psicoanálisis también se notó su influencia.Desde el marxismo y desde fuera del marxismo.

Podemos definir al Culturalismo como la tendencia que pone el énfasis en los factores sociales y culturales en el desarrollo de la personalidad y en la generación del conflicto.

Esta escuela hace una valoración superlativa de esta “presión cultural”.

Entre sus epígonos dentro del campo psicoanalítico destacaron personalidades como Harriet Sullivan, Karen Horney y Erich Fromm.

Ellos rechazaron la teoría freudiana de las pulsiones y pusieron en primer plano dos conceptos: la angustia y la agresividad.

La primera como consecuencia del conflicto del Yo con las exigencias culturales, la segunda como efecto de la frustración.

Esta frustración produce un profundo resquemor y una agresividad que debe ser reprimida y por lo mismo está en el origen de la angustia.

Esta forma de entender la génesis del conflicto está totalmente alejada de los

Karen Horney

Karen Horney

postulados freudianos y lacanianos y son los que han desvirtuado el concepto de frustración en el psicoanálisis, volviendo muy dificil su recuperación.

Además de la constatación de como se han apoderado del concepto las escuelas conductistas.

A nivel del pensamiento filosófico, Sartre se ocupó y mucho del concepto de angustia y dentro del existencialismo y la fenomenología pensadores como Biswanger y Victor Frankl fueron sus continuadores.

El último de ellos, muy ligado al pensamiento católico y a algunas ideas del junguismo.

Sullivan describe por aquél entonces una angustia que él llamó básica, que es adquirida en las primeras etapas de la vida, en la infancia, y transmitida por los padres. Esta ponía en evidente riesgo la necesidad que tiene el niño de seguridad.

Esta necesidad de seguridad no tiene un origen sexual para él, sino que está fundamentada en la socialización.

Se aleja por lo tanto del concepto freudiano de placer libidinal.

De allí surgirá como consecuencia que al tratar de evitar la angustia, reprimirá todos los impulsos que puedan entrar en conflicto con las normas culturales.

Karen Horney también considera a la angustia como un efecto directo de la frustración. Para ella la angustia procura en su intento de ser disuelta, un aumento de las necesidades afectivas y una búsqueda del amor exclusivo, sobretodo de la madre.

Al no lograrlo totalmente, se produce agresividad, que lo lleva a experimentar fuertes sentimientos de culpa y temor a perder el amor primordial.”La personalidad neurótica de nuestro tiempo”.

Erich Fromm, que como recordarán escribió títulos tan importantes como “El arte de amar” o “El miedo a la libertad”, ubica a la angustia como resultado del conflicto infantil entre la necesidad de independencia y la de reconocimiento.

Para él, la justicia, la libertad y la verdad, son tendencias innatas, fuertemente asentadas en la personalidad humana y no meras sublimaciones como fueron comprendidas por Freud y posteriormente por Lacán.

Para Fromm, el hombre y la sociedad se recrean dialécticamente y es ésta interacción la que hace del hombre un ser fundamentalmente “social”.

El complejo de Edipo, por lo tanto, es el producto de una sociedad que el denomina “patriarcal”, y el resultado de la lucha del niño por su individuación.

La escuela culturalista llega a conclusiones radicalmente opuestas a las que llegó Freud.

Las actitudes de la sociedad hacia la sexualidad son para ellos realmente peligrosas, siendo en última instancia la sociedad la causa de la agresividad y la angustia.

Por supuesto, estas posiciones fueron fuertemente criticadas por los psicoanalistas clásicos y rebatidas por numerosos trabajos que investigaron el origen de la sexualidad infantil y el complejo edipo-castración.

Al poner el énfasis en la frustración “realmente” vivida por el individuo, los culturalistas descuidan el papel de la fantasía en los conflictos individuales y terminan negando el concepto de inconsciente tal como lo alumbró Freud y como lo perfeccionó Lacán.

Ellos analizan el conflicto como una “realidad” y perciben a la historia como un “trauma”.

Su equívoco más importante es el desconocimiento del caracter imaginario de la angustia y del conflicto edípico, y de los conceptos que por aquel entonces estaba elaborando Lacán con la ayuda de la lingüistica, y su descubrimiento de lo Real.

El Culturalismo desapareció como tal, pero muchas de sus ideas siguen vivas en los movimientos sociales y políticos.

Sobretodo en los llamados “movimientos de liberación de la mujer”.

El psicoanálisis, con el crecimiento de la influencia de las ideas de Lacán, dió un paso mas allá.

Sin perder de vista los conflictos sociales, no abandona en absoluto el pensamiento de Freud desarrollando nuevas lineas de investigación y abriendo perspectivas que garantizan la formulación de un psicoanálisis mucho mas completo, moderno y eficaz para entender al hombre de nuestro tiempo.

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